El inicio

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Un chico llamado Madoko Karoshima vivía en Kamakura, una ciudad a 50 kilómetros al suroeste de Tokio, huérfano de padre y madre, ella murió cuando dio luz a Madoko, y su padre se suicidó por esto. No tenía familiares, si abuelo murió en el extranjero.

El era una persona muy callada, rara vez se escuchaba su voz, y eso si le hacían participar en la escuela.

Cuando alguien intentaba hacerle plática, solo respondía con la cabeza o con muy pocas palabras.

En su colegio había todo lo necesario para divertirse y para las clases; tenian patio para baloncesto, soccer, piscina y salón de artes; posteriormente la biblioteca.

El era muy antisocial, su apariencia era única, era alto, su cabello era color azul, un azul muy oscuro, un ojo café, y un parche en el ojo derecho.

Su única amiga se llamaba Shiro Sakioka, ella era muy alegre, también era huérfana de padre y madre. Ellos murieron en un accidente de automóvil, si apariencia era de envidia para las demás chicas; cabello castaño claro, corto, era delgada y hermosa, con ojos color miel muy hermosos.

Estaban en primero de preparatoria, ella está enamorada de Madoko, pero el no tenía la menor idea de esto.

Un viernes en la mañana, Madoko caminaba hacia la escuela, estaba solo y con los audífonos a todo volumen.

Shiro: ¡Buenos días Madoko!...oye, se que no hablas mucho pero no seas maleducado....¡¡MADOKO!!

El no sabía que Shiro le estaba hablando, haya que sintió un golpe en la cabeza de parte de ella. Se quitó los audífonos y volteo a ver a Shiro.

Madoko: Buenos días Shiro, estas llegando tarde...oye...¡¿Porque me golpeas en la cabeza?!.

Shiro: perdoname, no sabía que tenías los audífonos puestos.

Madoko siguió caminando, y al pasar al lado de Shiro, le sostuvo la cabeza, haciendo una caricia en ella.

Sus clases pasaron normalmente; ella al final de estas, lo espero para irse juntos.

Los dos vivían en un mismo departamento, este era pequeño. Estaba situado a unas pocas horas de la escuela, y tomaban el tren para llegar a esta.

Los dos tenían un trabajo de medio tiempo, en un restaurante de meseros; para todo, eran inseparables.

Aquella noche, saliendo de su trabajo se encontraron con una persona misteriosa, era alta, usaba sombrero, gabardina, botas militares y todo era de color Negro.

Esta persona se acercó a Shiro, y parecía que iba a sacar algo de una bolsa. Madoko se interpuso entre ellos dos, el creyó que lastimaria a Shiro; entonces el desconocido saco una piedra azul, y casi perfectamente ronda a Madoko.

-Toma, pasará lo que tiene que pasar-

Y el empezó a caminar hacia un callejón oscuro, para desaparecer en la oscuridad.

Cuando llegaron al departamento, Shiro se metió a bañar, mientras Madoko hacia la cena. El siempre se bañaba en la mañana.

Cuando acabó de hacer la cena, tomó la piedra y empezó a observarla.

Shiro salió del baño ya cambiada y tomó asiento para cenar.

A la hora de dormir, como no podían pagar un departamento más grande, dormían los dos en la misma cama.

Estaban de frente los dos, jugando a ver quien bostezaba antes.

Madoko se acercó poco a poco hacia Shiro, y ella, sonrojada cerró sus ojos.
El corazón de Shiro se alteró, se escuchaban sus latidos; y sintió los labios de Madoko sobre su frente.

Madoko: No lo malinterpretes.

Y el se acostó en la cama apagando una lámpara.
Madoko: Buenas noches, descansa Shiro. Hoy te doy la victoria.

Shiro: Antes quiero saber, ¿qué vamos a hacer estas vacaciones?

Madoko: Acuestate ya, mañana es sábado, el domingo prepara tus maletas.

Él bostezó y se tapó con unas cuantas cobijas.

Madoko: iremos a la playa.

Shiro muy feliz y emocionada, se encimó en Madoko y le dio un beso en la mejilla, y se acostó a lado de Madoko. Al poco tiempo se quedó dormida así.

Madoko estaba un poco inquietado por la piedra; "¿Para que es?","¿Un adorno?", son las dudas que surgían de la cabeza de Madoko.. Al poco rato decidió ir a la cocina, donde dejó la piedra; la tomó y decidió limpiarla.

De un momento a otro, la piedra se partió exactamente a la mitad. Un temblor inicio, era tan fuerte, que Madoko podría caer de desequilibrio. Un enorme resplandor color carmesí, salía de esta, y al mismo tiempo empezó a calentarse poco a poco.

Madoko: ¡¡Shiro, ayúdame...despierta, Shiro!!!

Ella asustada y un poco medio dormida, fue corriendo a la cocina. Estupefacta al ver lo que sucedía, y le dio un golpe en la mano de el. Esto hizo que la piedra callera al suelo y se rompiera en miles de pedazos.

Y el destello carmesí se convirtió en un destello azul y tranquilo. Y el temblor desapareció.

Y la piedra se desvaneció en pequeños fragmentos rojos. Y se apagó.

Madoko: No digas nada de esto a nadie.

Shiro: ¿como que no?

Madoko: Ve a acostarte. En la mañana toca escuela.

Shiro: Ok, entonces hasta mañana.

Los dos intentaron descansar. Y durmieron.

En la escuela todo paso normal, nadie supo sobre el temblor, ni noticias habían.

En la salida, Shiro estaba esperando a Madoko. Y cuando llegaron al departamento, había un charco de sangre que se dirigía desde la entrada hasta la habitación.

Cuando entraron al cuarto. La piedra estaba en el centro e un charco de sangre. Y sobre esta, estaba la ropa de la señora de la limpieza.

Shiro: ¿No es cosa estaba rota?

Entonces la piedra se empezó a mover sin sentido, y rodó hacia los pies de Madoko. El la recogió y la iba a lanzar por la ventana. De repente, los dos se desmayaron, y la piedra se rompió de nuevo. Y con esta una voz grave dijo.

-ya no hay vuelta atrás -

Y los dos, al abrir los ojos, se encontraron en un campo de flores en una enorme montaña.El cielo de mezclaba entre colores azules, y morados.

Shiro: ¿Dónde estamos?

Madoko: No lo sé, pero si se que hacer, anda parate.

Tomó la mano de Shiro para que se levantace. Madoko empezó a caminar cuesta abajo.
Shiro: Oye, tienes algo rojo en tu ojo derecho.

Madoko tocó su mejilla y se quéjo de dolor.
Madoko: ¿Sangre?

Ella sacó un pañuelo de su bolsillo, y lo mojo sin un poco de saliva, y empezó a limpiar delicadamente la mejilla de Madoko.

Madoko: Gracia Shiro.

Shiro: No hay de que...no te sonrojes.

Madoko: A-Andando.

Siguieron bajando.

Una hora después, Shiro estaba muy cansada y también estaba oscureciendo.

Madoko: siéntate, iré a buscar leña, descansa un rato.

Ella apretó las piernas.

Shiro: Está bien, no te demores.

Madoko: ¿Pasa algo?

Shiro: No pasa nada...anda, aquí te espero...no te demores.

Madoko :¿Qué tienes?

Ella apretó más las piernas y puso su mano entre su entrepierna.

Shiro : ¿Enserio te tengo que decir??

Madoko: Ho, perdoname ya me voy.

Madoko no regreso en media hora. Shiro ya había ido al baño y estaba oscureciendo mucho más.

Cuando el llegó con mucha leña, hicieron una fogata..

Entre el poco calor que brindaba la fogata, y la oscuridad y soledad de donde se encontraban. Madoko inicio una pequeña plática.

Madoko: No te preocupes Shiro, estemos dónde estemos, to te protegeré.

Shiro: Tienes hambre.

Antes de que el, respondiera que no, su estómago gruñó tan fuerte que Shiro ya sabía la respuesta.

Ella sacó un sándwich de su bolsillo y lo partió a la mitad.

Shiro: Toma, no es mucho, pero es mejor que nada.

Los dos se acostaron a un lado de la fogata.

Shiro :Apesar de que no se lo que pasó, gracias a dios que estoy contigo.

Madoko tomó la mano de Shiro. Y la sostuvo firmemente.

Madoko: Hay que ser positivos, por lo menos sabes que estas viva.

Shiro: No juegues con eso. por lo menos, podré sostener la mano de mi Madoko

Pensamiento

Se quedaron dormidos a pocos minutos.

Cuando ella despertó, Madoko no estaba, en su lugar, habían unas huellas de los zapatos de Madoko.

Las empezó a seguir y llegó a una pequeña planicie, vio que Madoko estaba sentado en una roca que salía de el suelo. Estaban a la orilla de un gran acantilado.

Shiro no hizo ningún ruido, y se acercó poco a poco hacia Madoko. Lo tomó de sus hombros. Y vio que Madoko estaba viendo al horizonte fijamente.
Shiro volteo hacia donde el veía y se quedó atónita al ver un enorme castillo, con banderas color rojo ondeandose con el viento.

Madoko: Mira hacia abajo del acantilado.

Ella se acercó a,la orilla y vio el cadáver de un inmenso dragón, este tenía una estaca de rubí que salía de su pecho.

Shiro: ¿Pero que?

Madoko: Creo que ya se donde estamos.

Shiro: ¿¿¡¿¡¿¡¿Heeeeeeeee?!?!?!?!


Continuará....

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