Los árboles en movimiento opacaron de inmediato mi campo de visión.
Volteé al cielo y descubrí como las oscuras nubes de lluvia amenazaban con arruinar el calmado clima.
Aunque claro, era de todo menos calmado.
Suspiré agobiada -Aunque no sabia como podía hacerlo en un sueño-, era la tercera vez en la semana que esta pesadilla ocurría, pero claro, no logré predecir que esta vez sería diferente.
Empezando por las personas extrañas que no conocía y me rodearon rápidamente. Podían ser calificados con cinco estrellas en el estereotipo de un muerto vivo; los colores de sus cabellos, ojos y pieles parecían totalmente apagados, aunque fuera imposible.
Mientras se acercaban más, podía escuchar los susurros de algunos de los cuerpos, repitiendo la misma palabra: "Es ella".
Y desperté.
Mi respiración estaba agitada, como siempre; con algo de esfuerzo logré incorporarme en mi cama, observando las sábanas fijamente, reflexionando sobre lo que acababa de pasar.
Estaba cansada de esto, de tener pesadillas ilógicas, que no se parecían nada a la realidad y que, por supuesto, no tenían sentido alguno; es decir, ¿Quién sueña con personas medio muertas susurrando frases al azar?, debía de ser la única persona a la que le ocurría esto.
Me decidí a dejar mi reflexión para otro momento, el día había comenzado y una de las cosas que más odiaba era desperdiciarlo; así que me levante e hice toda la rutina de una persona durante la mañana.
Bajé esperando encontrarme con mi tía, siendo el resultado contrario al que pensé; restando importancia al asunto salí de mi casa, sin siquiera tomar algo para comer. Despejar mi mente era mas importante en este momento.
Caminé a paso calmado por las aceras de las calles, disfrutando del despejado clima que había hoy... Justo como en el sueño.
Sacudí la cabeza intentando olvidar el asunto y comencé a concentrarme en las personas que pasaban por las calles, siempre me pregunte el porque todos -incluyendome- salíamos fuera con una expresión de tranquilidad y amabilidad total, mientras que, guardamos nuestros problemas e inquietudes en el fondo de nuestro ser.
Al parecer el sueño me afectó en algo, mi nivel de poesía a aumentado considerablemente, quizá debería sentirme orgullosa. Como sea.
Llegué al parque cerca de la ciudad donde residía, un lugar que descubrí hace poco y que, debido a su peculiaridad había llamado mi atención. Como todo típico parque, estaba rodeado de árboles y flores por doquier -se parecía más a un bosque que a nada-, arcos y túneles hechos de maleza adornaban las entradas al lugar, y entre estos se ubicaban pequeños focos parecidos a las luces de los árboles de navidad, pero de colores blancos y amarillos; era un lugar en el que siempre se mantenía activo, ventas y todo tipo de actividades se realizaban ahí. Creo que eso era suficiente para decir el porqué me gustaba tanto.
Caminé hasta encontrar una banca vacía, tomé asiento y con la mirada baja, logré observar un pequeño Clavel Rosa, que de inmediato sostuve en mis manos.
Esa era una de mis flores favoritas, debido a que... Me recordaba a mi madre; los Claveles Rosas siempre fueron reconocidos por representar a las madres y, aunque la mía ya no se encontraba aquí, lograba sentir como -de alguna u otra forma-, me acompañaba a donde sea que iba, era algo así como mi protectora.
Yo no la conocí mucho, ya que murió cuando tenía apenas dos años, pero sin duda los pocos recuerdos que hay en mi memoria sobre ella, son increíbles.
Decidí ponerme el Clavel Rosa en el cabello, quedando así a un costado de mi cabeza; me levanté a comprar un pequeño pastel en una de las tantas tiendas. Iba lo más feliz que se podía en mi miserable vida, hasta que alguien choco contra mí, derribando mi pastel en el proceso.
-Mi...pastel- Susurré destrozada. Era un pastel, no, era MI pastel, nadie le hacía nada a mis pasteles.
-Disculpa, deberías ver mejor por donde vas- Sonrió apenado el chico frente a mi. ¿Qué insinuaba? Tiró mi pastel y me estaba echando la culpa, ¿A mi?
-Ya veo... Adiós- Dije para alejarme repentinamente de él.
¿Qué clase de encuentro-choque-coincidencia había sido ese? Parecía uno de esos clichés de las novelas que pasaban por la televisión; sacudí mi cabeza como lo había hecho hace unas horas, ¿Por qué esto solo me pasaba a mi?
Cansada, avance por las mismas calles en las cuales caminé por la mañana, tratando de llegar lo más pronto posible a mi hogar. Y cuando llegué, pude divisar como mi tía preparaba la comida mientras tarareaba alguna canción.
-Cariño, que bueno que llegas- Se dirigió hacía mi con su amable sonrisa de siempre.- Ve a ponerte ropa cómoda, la comida estará lista en un momento.
-Claro- Le sonreí con cariño, no tenía idea de como, pero ella lograba sacarme una sonrisa por más mal día que tuviera.
-Por cierto- Me detuvo y volteé a verla.- Linda flor.
Sonreí apenada.
Subí a mi habitación para cambiarme, tratando de prepararme mentalmente para el siguiente día.
Porque sí, mañana era el primer día de clases.
