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I

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¿Como mierda había podido ser tan estúpida para dejarme atrapar?

Llevo una hora golpeando el mismo ladrillo de la pared en la que esta pegada la asquerosa litera. Me trajeron a este agujero apestoso, oscuro y odioso hace dos horas, y el enfado me está ganando.

-Eres terriblemente estúpida- murmuro por lo bajo, a la vez que golpeo mas fuerte al ladrillo.

Decido desahogarme con toda la pared y me pongo a hacer una serie de golpes, izquierda, derecha, derecha, izquierda, izquierda, derecha... Las repito una y otra vez hasta que empiezo a sentir un escozor en los nudillos.

Miro mis nudillos, que empiezan a llenarse de sangre con rapidez, y luego a la pared, que tiene las marcas de sangre de mis nudillos. Lamo los nudillos, el sabor metálico de la sangre inunda mis papilas gustativas.

Miro al frente donde hay tres guardias de espaldas a las rejas y otros tres guardias mirando al interior de esta, pegados a la pared gris. Todos ellos armados hasta los dientes, dos Glock 19 del calibre 9 en el cinturón y otra "escondida" en el tobillo. En mano van con un fusil de asalto, sin el seguro como no, esperando a que de un paso en falso. Van armados como si fuera un peligro nacional, solo mato si me han pagado por ello o están en mi lista negra, así que de momento sus nervios están libres de sufrir algún daño.

Tan desconfiados...

Me siento en el suelo cansada de no hacer nada, ahora mismo prefiero ver lo que quieren hacer conmigo y cuando piensen que me tienen cogida, sacármelos de encima.

Miro a lo que ellos llamaron litera, unas cuantas barras de metal oxidado y dos colchones mugrientos y llenos de ácaros. El armario donde me metían, cuando veían que se estaban aburriendo de mi, era más limpio.

Cierro los ojos y descanso, en verdad no duermo, hoy en día ya me parece una perdida de tiempo dormir, con descansar los ojos y el cuerpo veinte minutos estoy como una rosa.

Sean siempre me reñía porque no dormía, al final, acabo aceptándolo, tardo dos años en aceptarlo, los años en los que me acostumbre a que no me pegaran por hacer algo mal y a no temer a sus caricias en la cabeza, tan típicas en el.

En verdad fue paciente conmigo, se comporto como el padre que tuve antes de perderlo todo. Recuerdo perfectamente el día que me salvo la vida.

Ya tenía ocho años, acababan de meterme en el armario que llamaba habitación después de que me pegaran por no sonreírle, como a ellos les gustaba, a Petrov la persona que destruyo por completo toda mi vida.

Recuerdo como empezaron los gritos y disparos, recuerdo como se abrió la puerta del armario dejando paso a un hombre unos treinta y muchos, rubio de mandíbula cuadrada y muchas cicatrices por la cara, que se pudieran ver en aquel momento.

Recuerdo la sonrisa amable y el brillo de rabia en sus ojos, esa sonrisa que lo único que me transmitió fue confianza y no miedo. Recuerdo como me cogió en brazos de forma delicada, como si fuera de porcelana, y recuerdo las palabras que me susurro, la palabras que me hicieron ver de forma más clara la esperanza.

-Ya no te tocaran más, pequeña- susurro con voz grabe y carrasposa- Ahora será tu turno de torturarlos a ello.

El ruido de una puerta metálica y pesada al cerrarse me saca de mis recuerdos, mantengo los ojos cerrados analizando los paso que resuenan en el pasillo.

Pasos pesados y firmes, el mítico chirrío grabe de las botas militares, un militar, pero no como los que custodian mi celda, es como si este fuera mucho más poderoso que ellos, como si fuera el rey.

Los guardias se ponen firmes de inmediato, por su forma de ponerse rápidamente rectos deja claro que están nerviosos. Río por lo bajo, casi un susurro, jamás entenderé como, personar que van armadas hasta los dientes, pueden tenerle miedo a un superior.

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⏰ Última actualización: Nov 14, 2018 ⏰

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Sed de venganza.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora