Capítulo I

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Capítulo I

Al verlo, los guardias le abrieron la puerta. Entró con prisa moderada.

Sus pasos reverberaron, siendo el único sonido que desafiaba al silencio del salón. Cuando pasó por un par de vitrales, la luz de fuera iluminó su cabello liso y castaño.

Se detuvo frente a los tres escalones que precedían al trono. Plácidamente sentado, el rey lo miraba.

—Su Majestad—hincó la rodilla en el suelo.

—Vasail, sobrino—le dijo con solemnidad—, me da gusto verte. Anda, levántate, te mandé a llamar para encargarte cierto asunto—. Él se irguió.

—Serviré a lo que decida, tío.

—Mañana iniciará la celebración del torneo de colourvytae en Arcuanón. Como todos los años, el gremio de mercaderes de nuestro reino se ha enlistado para acudir el evento y necesitan de una escolta para el traslado de su mercancía—Vasail escuchaba con atención—. Tu trabajo será escoltarlos hasta Arcuanón. Te dispondré de una veintena de hombres.

—¿Y cuando partiremos?

—Mañana con el alba.

Vasail asintió y giró dispuesto a irse, pero recordó algo:

—Majestad, la cuadrilla diecisiete, la de mi hermana, continúa paralizada. Solo esperan por la asignación de un líder para empezar a funcionar.

—Eso, se me ha pasado por alto con tantos asuntos por resolver. Por el momento tenemos dos candidatos, pero ambos aún no han terminado sus funciones en el exterior—se frotó la barbilla pensativo y levantó una ceja—¿Mientras, qué me dices si te digo que seas su líder temporal?

Vasail se tomó unos segundos. Había transcurrido casi una década desde la última vez que lideró una cuadrilla especial. El solo pensarlo, revivía un cúmulo de emociónes latentes.

—Me ha tomado por sorpresa, pero no tengo objeción alguna, Su Majestad—el rey sonrió complacido.

—Llévalos contigo a Arcuanón. Ya son soldados internacionales, son la nueva generación de defensores de Seyvan—se reacomodó en el trono—y es momento de que empiecen a conocer con sus propios ojos las capas del mundo.

***

Nicole abandonó su cama cuando las sombras de la noche aún permanecían en su habitación. Se dio un vitalizante baño. Sacó del ropero una reluciente armadura de cuero, sus labios se curvaron hacia arriba. Al fin, el ansiado día de su primera misión como soldado especial había llegado.

Desde que tenía memoria, había sentido una atrayente curiosidad por saber qué se ocultaba más allá del reino, o dicho de mejor manera, qué se revelaba. De niña había leído libros y escuchado historias de la existencia de otros reinos, de vastos cuerpos de agua llamados mares y de cuerpos de arena llamados desiertos, de hostiles gigantes que poblaban los bosques... Era habitual que la idea de escaparse a explorar rondara su mente como un virus ronda a su huesped, pero el deseo de llevarlo a cabo se desvanecía cuando pensaba en el poderoso valor que su padre le había inculcado sobre la espera.

Así, su espíritu era aventurero, pero la paciencia también se enredaba fuertemente en ella.

Antes de abandonar la habitación, se detuvo frente al viejo retrato de su madre. Tenía ojos ambarinos que además de ser idénticos a los de ella, también miraban igual. Con dulzura y fiereza.

«Ojalá estuvieras aquí»

Bajó por las escaleras con las botas haciendo ruido sobre la madera. El olor a té y galletas la atrajo a la cocina. No, esta vez no era su abuela quien estaba sentada en la mesa de mantel blanco con un camisón, ella estaba de viaje al exterior. A cambio estaba su padre.

La Capa de SleinWhere stories live. Discover now