Bueno...
Permitanme presentar...
Mi nombre es Richard, soy vigilante de la estación de ferrocarril en Nueva York. Les voy a presentar una historia que me ayudó a comprender lo valioso que es el amor.
Este era Thomas, un anciano que siempre se sentaba afuera de su casa todos los días después (según me contaron) de que su esposa había fallecido, a la cual, había querido mucho. Estaba desde las seis de la mañana hasta las nueve de la noche. Siempre traía consigo una especie de morral, supongo yo que lo que había adentro era algo de comer y beber y no hacía nada más solo mirar a su alrededor, pero nada más.
Un día lo recuerdo muy bien era 5 de diciembre yo venía de mi trabajo como vigilante, hacía algo de frío y tirritaba a pesar del grueso abrigo que traía puesto, pasaba delante de la casa de aquel señor cuando me percaté de que estaba ahí como todos los días con aquel morral y sentado en esa silla, no traía abrigo alguno así que hable.
—¡Señor, señor!
Y volteó a verme indiferentemente.
—Tenga pongase esto–y al decir esto me quité mi abrigo y se lo puse al señor en sus hombros –¿Por qué sigue aquí Thomas?
Y con una lágrima casi saliendo de sus ojos me contestó:
—Estoy esperando el momento muchacho.
—¿El momento de que?
—De reunirme con mi esposa.
—¿Cómo se llamaba?
Esta vez la lágrima no pudo aferrarse y cayó:
—Anne, era la mejor esposa que cualquiera pudiera encontrar.
—Veo que la quiso mucho señor ¿Me puede decir por que esta aquí?
—Si claro, a nadie le había interesado esto, aún después de que mi esposa falleciera. ¿Gusta pasar?
—Si, muchas gracias.
Su casa era de colores vivos. No olía a naftalina o algo por el estilo, en cambio, olía a joven, a una familia que vivía ahí, pero no estaba más que Thomas y yo.
—¿Quiere una taza de café?
—Si, muchas gracias.
—Pongase cómodo, que esto va a durar mucho tiempo.
No reclamé, en cambio me senté y me quede callado hasta que el señor trajo las tazas junto con unas galletas. No se por que pero sentía que había estado en esa casa mucho tiempo atrás, sentí un aura acogedora ahí adentro, también estaba algo preocupado, pues trabajé toda la noche y tenía que dormir...
—Señor, señor...
—¿Eh? Si mande.
—Tenga la bondad...
—Esta bien. Gracias.
—Voy a relatarle lo siguiente...
ESTÁS LEYENDO
El Verdadero Sentido Del Amor
De TodoEste es Richard vigilante de la linea de ferrocarril en NY un día viene de su trabajo y ve a Thomas, un anciano que en un día de frío, esta como todos los días (según le contaron desde que falleció su esposa) sentado en aquella silla y un morral, Ri...
