Llega la noche y la doncella se recuesta en su cama donde podrá descansar cuerpo y alma, el centinela la observa cuidadosamente viendo como sus cabellos se mecen al compás del viento mientras sus dulces ojos yacen reposando en su dulce rostro.
Descansando ya esta la princesa risueña de quien su dulce voz ya no resuena, y al igual que la luna hermosa y bella descansa sonriente conquistando a cualquiera.
Y el centinela quien andaba vigilando no tuvo de otra que volver a su despacho, recordando en sus pensamientos la bella sonrisa de la damisela, esa que derrite el frío hielo con su brillo de estrella...
