Leo y Sofía ni siquiera se conocen y además pertenecen a dos mundos totalmente diferentes. Pero sus historias, al principio paralelas, convergerán gracias al destino o a la casualidad en una intrigante y peligrosa trama que los llevará a descubrir p...
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Las noches de febrero son las más frías del año por aquí, desde siempre. Eso si que no cambia. Pero todo lo demás, poco a poco, no deja de cambiar. Hace dos meses, en este mismo bordillo en el que estoy sentado esperando el cambio de turno con estos dos pesados, que solo saben hablar de tetas y coches, me sentaba solo, con mi cigarrillo, pero todo lo demás, todo sigue igual. La misma melodía de motores, sirenas y cláxons, la idéntica sinfonía de personitas atareadas volviendo a casa, el rutinario baile de los basureros alzando los contenedores al son del pitido de la grúa vaciando los desperdicios, es reconfortante sentirse parte de esta aletargante canción que se repite todos los días.
Carla sale por la puerta abrochándose la cazadora, se me acerca con la misma expresión estresada que suele tener últimamente y con un gesto me pide un cigarrillo.
- Ya me estoy hartando de esta mierda de curro, un día de estos lo voy a dejar y le van a dar mucho por culo al capullo de Gerardo. -Dice sin disimular su cabreo. Una frase que lleva años repitiendo, pero que no parece que vaya a cumplir. Toma una larga calada y sigue hablando, mirando fijamente al frente sin pestañear. - ¿Pues no que ahora es mi culpa que el paquete de ayer tuviera mal la dirección? Me cago en todo, si la gente no sabe escribir no es cosa mía.
Tras un largo silencio una estridente canción que viene del móvil de Santi saca a Carla de su ensimismamiento, y dirige su atención a la pareja de tarugos que se parten el culo de risa, probablemente con cualquier chorrada de Youtube.
- ¡Eh, ya está bien de hacer el gilipollas que luego el muerto me cae a mí! Dejad el móvil y tirad para adentro, que esta noche tenemos muchas entregas, y no pienso echar ni 5 minutos extras. Hoy os quiero ver dejar la piel y no meter ni una vez la pata. Gerardo quiere que el lunes llevéis cada uno ya vuestra propia ruta, así que hoy Leo y yo sólo vamos a ir acompañando, pero las entregas y todo las hacéis vosotros, ¿Estamos?.
- Eso está tirao, yo por mi me iba ya solo, ¿A que sí Leo? - Asegura Diego ( "El Perchi" para los amigos) mientras se incorpora y se da unas palmaditas en el culo para limpiarse el polvo. - Ayer ya iba haciendo yo las entregas...
- Si, bueno, más o menos lo vas llevando ya - Dije interrumpiendo la historia de Diego mientras me levanto y apago la colilla con la bota. - Vamos, que ya llegamos tarde.
Tras de mí entraron los tres. Saludamos a Asun, la chica de la recepción, avanzamos por un breve pasillo y entramos en la tercera habitación, donde se encuentra Gerardo sentado en el tercer despacho situado cerca de la ventana justo a nuestra derecha. Casi sepultado por una montaña de formularios, sudoroso, con gafas de pasta y unas entradas muy prominentes, no nos miró hasta que no estábamos encima suya.
- Hola, hace ya un rato que pasaron los diez minutos de cortesía ¿Sabéis? - Dijo cogiendo un par de carpetas y tendiéndonoslas a Carla y a mi, tan rudo como siempre. - A ver, creo que ya sabéis que la semana de "adaptación" termina hoy, así que espero que el lunes empecéis ya con las rutas E y F. .- Siguió con la explicación de la cuál no oí absolutamente nada, porque mis ojos estaban clavados en unas de las direcciones de la carpeta de Carla, se trataba de las señas de una de las más secretas casas francas del "Clan", la que denominamos "El Almacén", un lugar al que no podemos ir sin autorización y que no debe ser conocida por los humanos.