Capítulo 1

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Rafiq de Couteveille miró directamente a Therese Fanchette, la maternal mujer de mediana edad cuya aguda mente supervisaba la seguridad de su país, una isla en el océano Índico.

Con tono ecuánime preguntó:
—¿Exactamente qué tipo de relación tiene esta Alexa Considine con Felipe Gastano? ¿Son amantes?

Therese respondió con voz neutra:
—Comparten una habitación en el hotel.

O sea que eran amantes.

Rafiq bajó la mirada hasta la foto que tenía en su escritorio. Rasgos finos, altura
media, delgada, la mujer se estaba riendo con el hombre que él tenía en la mira desde hacía dos años. No parecía el tipo de mujer de Felipe Gastano, pero, pensó con frío enfado, tampoco Hani, su hermana ahora fallecida, había sido su tipo.

—¿Qué has averiguado sobre ella?

—No demasiado. Pero acabo de hablar con una fuente de información de Nueva Zelanda. He grabado la conversación, por supuesto, y haré un informe escrito una vez que haya verificado la información —Therese se ajustó las gafas y revisó sus notas—. Alexa Considine tiene veintiséis años, y en Nueva Zelanda se la conoce como Lexie Sinclair. Hasta hace un año era veterinaria en una consulta rural al norte del país. Cuando su hermanastra, Jacoba Sinclair, la modelo, y el príncipe Marco de Illyria se comprometieron, salió a la luz que la señorita Considine es en realidad la hija del fallecido dictador de Illyria.

—¿Paulo Considine?

Cuando Therese asintió, Rafiq alzó las cejas.

—¿Cómo es posible que la hija de uno de los hombres más odiados y temidos del siglo XXI haya crecido en Nueva Zelanda?

—Su madre huyó allí cuando sus hijos eran muy pequeños. Debió tener buenas
razones para estar aterrada de su marido. Según los medios de comunicación, las niñas no tuvieron idea de su verdadera identidad hasta que fueron adultas.

—Cualquiera que conociera a Considine habría tenido motivos para temerle. Sigue... — dijo Rafiq con la mirada una vez más en la fotografía.

—Alexa Considine se ha pasado le último año trabajando con los campesinos de Illyria, curando a sus animales y dando clases en la Facultad de Veterinaria que ella misma ayudó a erigir bajo el patronazgo del príncipe Alex de Illyria —Therese alzó la mirada—. Parece que él aprovechó la evidente inocencia de Alexa de los pecados de su padre para romper el viejo sistema de feudos de sangre en su país.

Sí, Alex de Illyria era lo suficientemente inteligente como para manejar la situación en favor suyo, pensó Rafiq. Su mente maquinaba a toda velocidad.

Así que Felipe Gastano había llevado a Alexa Considine a Moraze. ¿Qué diablos
tenía en la cabeza la familia de ella que lo había permitido? Los primos de Alexa Considine eran sofisticados hombres de mundo. Debían saber que Gastano era un hombre peligroso, y que usaba su inteligencia, su atractivo y el marchito glamour de un título nobiliario ficticio para encandilar a la gente. La prensa del corazón decía del conde Felipe Gastano que era un gran amante. Rafiq conocía a una mujer que se había suicidado después de que Gastano le arrebatase el respeto a sí misma seduciéndola y luego introduciéndola en las drogas.

Tal vez Alexa Considine tuviera algo de su padre en sus genes. A pesar de su trabajo a favor de los campesinos, quizás fuese un estorbo para la familia real de Illyria. Posiblemente no necesitase protección, porque ella sabía muy bien cómo cuidar de sí misma... Pero él tenía que tener más información para ver cómo sacarle más provecho a la situación.

¿Alexa Considine y Gastano son amantes desde hace mucho tiempo?

Desde hace unos dos meses.

La mirada oscura, de Rafiq se fijó en el atractivo rostro de su enemigo. Dudaba que Gastano sintiera algo más que cínica lascivia depredadora por cualquier mujer. Tenía fama de orgulloso. Siempre había exigido belleza en sus amantes. Pero Alexa Considine, Lexie Sinclair, no era bella. Atractiva, sí, incluso muy
atractiva, pero no tenía la descarada sensualidad que solía buscar Gastano. Entonces, ¿por qué la había elegido para que calentase su cama?

Rafiq frunció el ceño y estudió la foto de la mujer que iba del brazo de Gastano.
Había sido tomada en una fiesta en Londres. Y ella estaba riendo mientras miraba la cara atractiva de Gastano. Hijo ilegítimo de un aristócrata, el hombre había asumido el título de «conde» después de que el conde real, su hermanastro, hubiera muerto de una sobredosis. Era posible que Gastano hubiera pensado que los contactos de Sinclair con los ricos y poderosos Considine, aunque se hubieran malogrado, podrían darle el nivel social que había buscado toda su vida. Eso tenía sentido. Y ahora la arrogancia de Gastano y su convicción de que no sospecharían de él, lo habían puesto en manos de Rafiq.

Rafiq miró con escalofrío hacia el emblema de su familia que había en lo alto de la pared. Se trataba de un caballo con una corona con un brillo carmesí, que
simbolizaban los preciados diamantes de fuego encontrados sólo en Maraze.
Rafiq dejaría de ser el hijo de su padre, o el hermano de Hani, si no aprovechaba aquella situación. La venganza era una ambición desagradable, pero no permitiría que la muerte de Hani hubiera sido en vano.

En cuanto a Alexa Considine, era posible que hubiera sido inocente antes de conocer a Gastano, aunque le parecía poco probable. Su hermanastra había trabajado en el notorio mundo amoral de la pasarela, así que tal vez Alexa Considine tuviera una actitud moderna en cuanto al sexo, y hubiera tenido una serie de amantes.

Pero si no era así, él le haría un favor. Felipe Gastano era un amante poco
considerado, y una vez que su mundo empezara a desmoronarse, él haría todo lo posible para salvarse. Y ella estaría más segura fuera de escena.
Además, pensó Rafiq con fría satisfacción, le daría gran placer quitársela a Gastano, para demostrarle al muy canalla, antes de que la trampa se cerrase a su alrededor que su poder y su influencia tenían límites.

Decidido, dijo:

—Esto es lo que quiero que hagas.

Madame Fanchette se inclinó hacia adelante, frunciendo el ceño mientras él le daba las instrucciones. Cuando Rafiq terminó, ella dijo serenamente:

—Muy bien. ¿Y el conde?

—Obsérvalo de cerca. Pon a tu mejor gente en ello, porque es cauteloso como un gato. —Rafiq se puso de pie y caminó hacia la ventana. Miró la ciudad que se extendía abajo.

—Pero, afortunadamente, también es un hombre con una enorme autoestima, y un sofisticado desprecio por la gente que vive en pequeños y aislados países, lejos del libertinaje del mundo en el que acecha.

Rafiq miró a la mujer con vestido color crema a través de ojos entrecerrados. El
vestido tenía un corte bien ideado para que mostrase las piernas y destacase su
cintura estrecha y sus pequeños pechos erguidos. El vestido de seda evidentemente llamaba la atención masculina. Pero la cara de Alexa Considine no hacía juego con la pronunciada sensualidad de la prenda. Las fotos no habían mentido; ella no era una belleza de primera, pensó Rafiq desapasionadamente, aunque como cualquier mujer de las que asistían a la inauguración oficial del hotel más lujoso y exclusivo de Moraze, Alexa Considine estaba soberbiamente arreglada. Estaba muy bien maquillada y su cabello castaño dorado tenía un corte que realzaba sus facciones. Y podía decirse que ella llamaba la atención, no sólo por el vestido, y tampoco porque estuviera sola.

Gastano, Rafiq notó, estaba al otro lado de la habitación, coqueteando con una
estrella de cine de cierta notoriedad.

Interesante...

A diferencia de las otras mujeres, Alexa no llevaba joyas. Y tenía un aire inocente, como si nadie hubiera besado aquella tentadora boca, lo suficientemente sensual como para que cualquier hombre de sangre caliente fantasease con rozarlos.

Rafiq sintió que su ingle se tensaba. Controló la punzada de deseo y miró con
detenimiento aquella cara de elegante estructura ósea y expresión impasible.

Era muy poco probable que sus facciones mostrasen la verdad. La fuente de información de madame Fanchette en Nueva Zelanda había dicho que Alexa no tenía ninguna aventura, pero eso no quería decir que ella fuera inocente. Y ciertamente ella era la querida de Felipe Gastano, así que ese aire serio y poco
mundano tenía que ser falso, un mero truco que le venía dado por la genética.

No obstante Rafiq se sintió atraído por aquel aire de autodominio de la mujer.
Era un desafío.

¿Cómo sería desbaratar la compostura de aquellas facciones, provocar un brillo de deseo en sus ojos, sentir aquellos labios amoldarse a sus...?

Seducida por un Principe Histórias para pegar e não largar. Descubra agora