Nos vimos allí, con rostros que no disfrazaban nuestro enojo, nos sentamos en la banqueta uno al lado del otro, de su boca no salía la más mínima sílaba, de la mía tampoco. De pronto se sintió una suave e inusual brisa, parecía que los árboles bailaban un eufónico silencio. Entonces se elevó sobre nosotros una pequeña burbuja de tinta negra, que al reventar terminó convirtiéndonos en caricaturas, al estilo de los primeros dibujos de Disney, nos veíamos tan graciosos que no pudimos evitar reírnos el uno del otro.
Verónica Rijo R.
La Musa De Tu Escritura
La Romana, Rep. Dominicana.
18/06/2017
