En las colinas, apodadas "Montes acuosos" por los residentes, que vivían lejos unos de otros como para llamarse vecinos. La casa más grande era la del señor Loodwig, que cada vez compraba más porciones de terrenos para ampliar su casa y dejar un gran lugar para su hija Anís, única prueba que su humanidad y solidaridad aún existían. Ella ya estaba casada desde hacía ya cuatro años, comprometida a los 17 y desposada a los 19.
La esposa del señor Loodwig también había muerto; pero a diferencia de los padres de la señorita Heath, ella había muerto por causas naturales: una enfermedad al sistema respiratorio.
Las colinas se llamaban así por la cantidad de tempestades y tormentas que acudían cada semana y raro era el día en que el Sol saliese en todo su esplendor y las nubes no fueran grises y el césped no estuviera mojado (o inundado) formando pequeños charcos; y justo ese era la bendición de este día tan particular: no habían siquiera nubes cubriendo el cielo. La estrella lumbrosa había secado el pasto y la tierra y ahora se apreciaba un bello verdor en todo el campo, con todas esas florecillas que nacen y mueren el mismo día, "tan simples y débiles" se decía Elise al verlas y no podía evitar compararlas con sus primas, que teniendo una belleza simple pero trágicamente grande, la adornaban mal con tantos arreglos solo para asistir a eventos de gran socialización. Ella se decía a sí misma fuerte y decidida; había tomado un ejemplo de tía Verónica y creía no necesitar de un hombre para la felicidad, pues podía llevarla a la falta de cordura el asechar al hombre o la falta de este.
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Amor, apatía, deseo y muerte
RomanceElise, una joven algo prejuiciosa pero exuberante en sus ideales, bella y abandonada con nada más que su tía y tío en una gran casa vive una aventura trágica tras la aparición de un hombre que ella nunca esperó, pero que al final llegó a la vida de...
