La gran noticia en la familia Vause , el nacimiento de Sarah, hija de Jessica y Bren Vause . "La niña más hermosa de todas" eran las palabras de los padres al hablar de su preciada hija. Sarah tuvo una infancia como cualquier niña de su vecindario, jugaba constantemente con su vecino, Jin.
Sarah y Jin eran bastante unidos, la madre de Sarah decía que Jin siempre sería de la familia aceptándolo como si fuese un hijo más. Sarah era hija única, su madre era incapaz de tener a otro hijo, normalmente Jessica se culpaba a sí misma de la soledad de su pequeña hija, no pudo darle un hermano menor, ellos trabajaban la mayoría del día mientras que Sarah saliendo del colegio iba directo con su abuela.
A Sarah no le molestaba en absoluto la idea de no tener un hermano, pues tenía a Jin, con eso era más que suficiente para ella.
Como de costumbre, ella fue a buscar a Jin para salir un momento a jugar, entró al jardín y tocó la puerta. La madre de Jin apareció con una sonrisa en el rostro, sus ojeras hacían obvias las noches sin dormir gracias a la profesión de su marido, el padre de Jin era carpintero, a Sarah le encantaba verlo trabajar por las mañanas, ya que los rayos del Sol y el hermoso jardín acompañado de un chocolate caliente que la madre de Jin preparaba para ellos en la mañana hacían de estos unos momentos especiales.
Pero la profesión del señor Baker no era perfecta, pues al utilizar herramientas y trabajar muy temprano no dejaba que su esposa descansara adecuadamente.
— ¿Jin está aquí?.— Pregunta Sarah.
La madre niega con la cabeza
—Se fue hace unos momentos a tu casa, ¿no se han visto en el camino?—
Sarah negó al instante. La señora Baker no se alarmó por esto, lo único que se le ocurrió en ese entonces fue la imagen de Jin esperando a Sarah en el jardín de su casa, ella dijo que no debía preocuparse que era mejor que ella regresara a casa.
Sarah obedeció a la señora y regresó a su hogar, pero Jin no estaba ahí, ni en ninguna parte, así fue por los siguientes dos días. Jin no aparecía, la policía ya estaba informada y procedían a buscarlo, la señora Baker estaba tan desesperada por su hijo, tan solo tenía nueve años. La madre de Sarah la consolaba con palabras, algunas de estas fueron "Él está bien" "No debes preocuparte, volverá", pero Sarah sabía que no iba a regresar, aunque tenía algo que no la dejaba de molestar desde el día en que Jin desapareció, la sensación de que lo vería de nuevo, pero no como antes.
Pasaron semanas e inclusive meses, no hubo rastro de Jin, Sarah tenía la misma molestia día y noche. Saliendo del colegio Sarah se dirigía a la casa de su abuela como de costumbre, el mismo camino vacío y silencioso.
—Sarah— Escuchó un murmullo.—¿Quieres cambiar?.
Sarah se confundió al escuchar la pregunta, volteó a donde provenían los murmullos, una camioneta vieja al otro lado de la calle.
—¿Quién eres? ¿sabes donde está Jin?—Dijo temerosa.
—Sí, está conmigo y está a salvo—
Sarah se acercaba más a la camioneta
—¿Puedes llevarme a él?—
No hubo respuesta. Los nervios aumentaban cada vez que se acercaba a la camioneta, un silencio total, lo unico que ella escuchaba eran sus latidos acelerados. Cuando estuvo lo suficientemente cerca la puerta se abrió, dejando ver a un hombre viejo con cabello blanco hasta los hombros, el viejo tomó a Sarah de las muñecas y la atrajo dentro de la camioneta, ella intentaba gritar pero el viejo lo impedía.
—¡Déjame ir!— Decía Sarah entre cada oportunidad que tenía.
El viejo golpeó a Sarah en la cabeza, dejando a esta inconsciente.
Al despertar ella tenía un inmenso dolor en la cabeza, intentó agarrarse pero algo lo impidió, estaba atada. Sarah levantó su cabeza y miró qué estaba pasando, estaba acostada en una mesa de metal con pies y manos atada a ella. "¿Qué está pasando?"
Miró más a su alrededor, al ver su lado derecho encontró a Jin en las mismas condiciones que ella, pero había algo que era muy diferente a como antes, Jin parecía sedado y con el cabello tan blanco como la nieve. Se sentía débil cada vez más débil. El sonido de una puerta al abrirse y pasos dirigiéndose hacia ella la hacían sentir nerviosa.
—Sarah—Decía el viejo con un tono juguetón— No temas, de cualquier manera toda tu vida terminará pronto.
—¿Qué quiere de nosotros?—Dijo débil.
—Solo tendrás que obedecer a todo lo que diga o de lo contrario tu familia será la que sufrirá, ¿entiendes?
El silencio de Sarah le dió a entender a aquel viejo que estaba de acuerdo, el miedo se había apoderado de ella.
El viejo tomó una jeringa con un líquido azul brillante la cual inyectó en la muñeca izquierda de Sarah. Ella forcejeaba pero era inútil, el viejo ya había terminado el trabajo.
—¿Mejor?.
Dejó salir una risa cansada.
La vista de Sarah se hacía más borrosa mientras pasaban los segundos, la figura del viejo se desvanecía al igual que una parte importante de ella, sus recuerdos.
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Portales.
FantasyMundos sin explorar y dudas que resolver. Los portales solo son puertas a sueños hechos realidad o pesadillas que puedes vivir en carne propia, Bruce tenía que descubrirlo todo, pero había algo con lo que no podía manejar, su avaricia.
