...Las hojas de papel caían de los árboles por la llegada de otoño. Una detrás de otra tocaba el suelo sin esperanza alguna de volver a su antiguo árbol. El sonido de las aves revoloteaba ya entre las ramas desnudas de los troncos. A lo lejos, y entre murmullos desconocidos, se escuchaban las notas de una hermosa melodía nunca antes tocada. Y los ecos que sonaban entre el espacio de las maderas partidas no tenían identidad. Si hubiera un incendio, éste sería el momento perfecto para correr hacia ninguna parte y precipitar tanto los pensamientos como el corazón. Sin embargo, nadie podía causar una cosa tan llamativa porque nadie pasaba por ese lugar. Ni si quiera la alma más triste se atrevía a entrar al hueco de tronco más cercano para calentarse simplemente porque no había calor que compartir.
Y pasados los siglos en forma de lustros, un hombre se adentró a su gran travesía.
Él odiaba las botas. Se repetía constantemente que eran incómodas y muy llamativas. Él odiaba ir con armadura de cota de malla. Decía que metal blando no protege piel oxidada. Él odiaba vivir en los caminos. Siempre se encontraba con piedras más altas que él a mitad del sendero que le impedían el paso, charcos repletos de lodo y una que otra piedra preciosa, pero por ella, nunca dió un no por respuesta.
¿Por qué lo hizo? ¿Valía la pena probar las cicatrices que dejaba el roce del viento? ¿Se arrepentiría? Por supuesto que no. Si tenía que morir, lo haría. Si tenía que renacer, lo haría. Si tenía qué, mataría por una lágrima. Pero ni en las peores historias, se habla de cómo la dejo morir. Tal vez porque nunca pasó... Tal vez porque no se supo qué pasó... O tal vez sucedió. No se sabe.
Tan lejano estaba este camino de la realidad, que el más pobre de los nobles no lo querría en sus tierras por la madera, las criaturas de la noche o por el hermoso canto de los pájaros. Lo querría por los secretos que los Pinos y los Abedules contaban por las noches acerca de magos, princesas y monstruos, y por la forma en que aquellas hojas te acariciaban si dormías sobre ellas. Pero no existían nobles, ni reyes solos o fieles vasallos... O al menos, eso creía la gente del mundo real.
Podría decirse que era un lugar de tierra de nadie que torturaba a los más fuertes y complacía a los más muertos; que escurría la savia de mil tallos de tréboles para crear sólo una gota de vino... Que daba esperanzas a los tontos que perdían todo por algo mayor, inexistente. Podría decirse que ni tú pondrías pie en ese sitio tan bello porque estás acostumbrado a los obstáculos de la realidad.
Las historias no han dejado de contarse, por lo que los mitos y leyendas van y vienen como el viento: sin dirección, sin motivo de ser escuchado; pero de alguna u otra forma, terminan modificando un hecho para hacerse de él un héroe que estuvo ahí cuando nadie estuvo ahí. Los más pequeños cuentan cuentos y los más grandes recitan poesía. Aunque nadie cuenta cuentos por una lágrima... O para dormir de página caídas.
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Tale by a Tear.
Fantasy...Días después, el sabio entendió que no era tan sabio. Necesitaba conocer más a fondo a las personas para juzgarlas y tiempo para comprender los motivos que llevaban a tales acciones. Pero a pesar de todo, se dijo que todo aquel que siga viviendo...
