Cascada agraciada de pequeños destellos mágicos, impalpables... Húmedos eran los dedos de ese azul verde topacio que me miraba y llegaba al alma, tocaba mi vientre y me despertaba,-sueña en silencio- me decía, luego colocaba las yemas de sus dedos en mi labio inferior y reía, por supuesto que reía... Con esas comisuras abiertas y su acostumbrado mirar, que sin querer seducía mi mente. Para entonces ya estaba despierta, mirándolo alusivamente, -que despiadado eres- le dije de manera corrosiva... -Me despiertas de el mejor sueño de mi vida... Solo para contemplar el próximo- y lo bese en la muesca del labio para luego despedirme con un determinante -adiós dulzura, nos vemos en el próximo sueño- y dormí.
