10 de Septiembre de 2015
Suena el despertador a las 8:30 de la mañana, hoy es el primer día de colegio y la presentación es a las 10:00. Aunque Claudia sólo tarde 5 minutos en llegar al colegio, quiere estar bien arreglada para volver a las clases.
—Claudia, ¡despierta! vas a llegar tarde el primer día — grita mi madre desde el salón.
Me doy media vuelta e intento volverme a dormir ignorando el comentario de mi madre. A los 30 minutos abro los ojos y miro el despertador.
—No me puedo creer que me haya quedado dormida— susurro para que mi madre no se piense que estoy hablando sola.
Me levanto corriendo, voy directa al salón y mi madre me mira como si me hubiera quedado dormida mucho más tiempo.
—Como te gusta dormir eh, venga, desayuna que vas a llegar tarde— dice mi madre con una sonrisa
Estaba en la mesa el desayuno que llevo tomando desde que era pequeña, un vaso de leche con colacao y galletas. Le miro a mi madre con una sonrisa como muestra de agradecimiento. Desayuno rápido y voy corriendo a la ducha. Me preparo en cuestión de media hora, me quedan 15 minutos para asegurarme de que llevo todo.
—¡Mamá! Me voy ya— comento desde la puerta.
—No seas muy dura con los nuevos compañeros, recuerda que ellos se conocen, tu eres la nueva—
Ese comentario de mi madre me asusta un poco y me giro sin decirla nada. Abro la puerta y empiezo a caminar para ir al colegio. Solo tardo 5 minutos, es subir la calle donde vivo y ya está, así que decidí ir a paso lento pensando en qué clase estaría y en sí conocería a alguien. Estaba realmente nerviosa, decían que había alumnos nuevos y algún que otro profesor también.
—¡Claudia!— exclama Lucía desde la otra acera.
—Hey, ¿qué tal?— digo con desgana
—Veo que sigues igual de borde, el verano no te ha cambiado eh— bromea
Le sonrío y le hago un gesto para que vayamos entrando al colegio, aún teníamos que bajar al teatro donde se haría la presentación y dirían en que clase va cada alumno.
Desde hace unos años he sido una chica muy fría porque la gente fue muy dura conmigo, así que preferí no confiar en nadie y ser así con todos, o por lo menos con la gran mayoría.
—¿Nerviosa?— pregunta Lucía mientras bajamos al teatro.
—Un poco, la verdad— respondo.
Ella estaba un curso por delante de mi, así que me senté con gente que conocía de 3° de la ESO que es donde me tocaba estar y esperé a que me avisarán en que clase irían. Nombraron a la mayoría de mis amigos, estaban entre la clase del A y del B, cuando anunciaron la del C yo estaba asustada porque no conocía a nadie y para colmo, nuestra tutora no era la más simpática que se diga.
Salimos del teatro y subimos las escaleras para dirigirnos a las clases.
—¡Qué pasa Claudia!— grita un chico detrás mía
Me giro y veo que es Jaime. «El chulo de Jaime» pienso. Le conozco desde que el tenía 8 años, me gustaba, pero yo tenía 11 años y no quería que lo supiera, hasta que mis amigas un día se lo dijeron.
—¿Nos ha tocado juntos?— le pregunto aunque es obvio.
—Creo que si, te va a tocar aguantarme un año entero eh— replica
Sigo subiendo las escaleras siguiendo a mi tutora, cuando de repente llegamos al primer piso, pasamos una puerta y ahí fuimos hasta la que era nuestra clase, la penúltima antes de terminar el pasillo. Nos sentamos por orden de lista, nos dieron una agenda a cada uno para apuntar el horario y qué profesores teníamos en cada asignatura. «Ya se que profesores hay en cada asignatura, los conozco del año pasado» pensé.
—En matemáticas nos vamos a dividir en dos clases, por un lado estarán las matemáticas académicas que será para la gente que quiera hacer un bachillerato de Ciencias, y por otro lado matemáticas aplicadas que será para un bachillerato de Letras.— explicó Belén, mi tutora.
En ese momento pensé que iría a Letras, porque las matemáticas y yo no nos llevábamos muy bien. En ese momento estaba deseando que Belén dijera que ella fuera quien estuviera en matemáticas académicas y así fue. Una pequeña sonrisa salió de mi boca hasta que pensé quien sería el profesor que estaría en las matemáticas aplicadas.
—Mañana haremos las listas, tenéis un día para pensarlo. El profesor de Matemáticas aplicadas es Víctor, mañana le conoceréis los que no le conozcáis ya.— aclaró Belen
Sonó la campana y eso indicaba que el día había acabado, había sido rápido ya que sólo era hasta las 12:00.
—¿Cómo ha ido? ¿con quién te ha tocado? ¿algún chico guapo?— preguntó Lucía nada más verme por el pasillo.
— Solo hay un chico nuevo, no conozco a nadie aunque ya estuvieran aquí el año pasado, ya sabes cómo soy, cuánta menos gente conozca mejor— expliqué
—¿Y algún profesor nuevo?—pregunta con intriga
—Al parecer hay uno que se llama Víctor que no conozco, será el nuevo—respondo
Me despido de Lucía porque quiero llegar ya a casa y descansar, tenía bastante sueño ya que no había dormido mucho la noche anterior por los nervios. Llego a casa y le cuento a mi madre lo mismo que le conté a Lucía, que no conozco a nadie y que hay un profesor que no había visto nunca. Me meto en mi habitación sin ganas de nada, no tenía hambre así que decidí no comer. Me pongo a pensar en cómo sería ese año, si haría muchos amigos, si me odiaran por ser la nueva, al cabo del rato, me quedo dormida hasta la hora de la cena.
—Claudia, llevas durmiendo casi toda la tarde, tienes que cenar, no has comido nada— aclara mi madre
—Ahora voy— respondo aunque no me apetezca cenar.
No suelo tener hambre por las noches y por eso muchas veces no ceno, pero esta vez aunque tampoco tuviera hambre se que tenía que cenar porque no había comido nada. Cené con rapidez, volví a mi habitación y me quedé viendo una serie hasta quedarme dormida otra vez.
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Mi profesor
RomanceClaudia, una chica de 16 años perdida en la vida, sin ganas de estudiar repite por segunda vez, ésta vez, 3 de la ESO. Su mundo se vuelve todo gris cuando se imagina que tiene que volver a hacer amigos nuevos, algo que ella odia, hasta que un día, a...
