Leticia Padilla se recostó sobre los cojines del sofá y miró el teléfono. Podría haber sido alguien que se había equivocado, un vendedor pesado o incluso un obseso sexual; pero no, tenía que ser su madre. Aunque la adoraba, todas sus conversaciones terminaban siempre en el mismo asunto, la vida amorosa de Leticia. Y evidentemente, le disgustaba sobremanera.
Hizo ademán de poner los pies sobre la mesita, pero se detuvo de repente, como si su madre pudiera verla a través de la línea telefónica.
-Bueno, ¿cómo te van las cosas, mamá?
-Eso no importa ahora. Tú me preocupas bastante más -respondió-. No estarás sufriendo un ataque de apendicitis aguda, ¿verdad? ¿O vas a llamar mañana para decirnos que sufres un caso grave de paperas?
Leticia gimió. Durante los últimos años, siempre se las había arreglado para no ir a las reuniones familiares; pero sus excusas eran reales, por motivos de trabajo, no inventadas. Sin embargo, aquel año había hecho una promesa a su abuela.
Aquel año tendría que ir.
-Estaré allí -le aseguró-. De hecho, estoy deseando ver a todo el mundo...
-Nosotros también estamos deseando verte, cariño. Sobre todo, Nana. Cuando la semana pasada fui a visitarla al hospital...
-¿Al hospital? Carolina me había dicho que estaba acatarrada, pero nadie me había hecho el menor comentario sobre un hospital...
Leticia se quedó muy alarmada; adoraba a su abuela aunque Nana insistiera obstinadamente en su creencia de que toda mujer necesitaba un marido. Y por supuesto, su madre decidió aprovechar la preocupación de su hija.
-¿Sabes qué haría que Nana se sintiera mejor? Saber que tienes a un buen hombre que cuide de ti.
Leticia alzó los ojos al cielo. La conocía y sabía lo que se avecinaba: un discurso sobre los hombres y las relaciones.
-Siempre has sido una mujer independiente -continuó su madre-, pero demasiado terca. Antes de que te des cuenta, tendrás cincuenta años y estarás sola, sin nadie con quien compartir tu vida...
Recordarle a su madre que faltaban varias décadas para que cumpliera cincuenta años, habría sido inútil. Lo sabía por experiencia, así que se acomodó en el sofá. Ya que tenía que soportar su discurso, al menos quería estar cómoda.
Aunque se había mudado a México tras escapar de Puebla, donde había crecido, no había conseguido escapar de la creencia familiar de que el matrimonio debía ser el único objetivo de una mujer. Leticia sólo había vivido algo parecido al matrimonio: un compromiso que la dejó muy aliviada cuando se rompió y que todavía le hacía preguntarse cómo era posible que hubiera estado a punto de casarse con un hombre que pretendía cambiarla.
Con la boda de su hermana, Carolina, Leticia llegó a creer que su madre dejaría de presionarla y que se contentaría con tener una hija casada. En cambio, la señora Padilla estaba escandalizada; ahora, su hija menor se había casado y esperaba un hijo mientras la mayor permanecía soltera y no salía con nadie.
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Suyo por un Fin de semana
FanfictionProtagonistas: Fernando Mendiola y Leticia Padilla Argumento: Ella quería algo temporal... pero él la deseaba para siempre Leticia Padilla necesitaba un hombre, pero no uno cualquiera, sino alguien que se hiciera pasar por su novio durante una re...
