Knock! Knock!,
Se escuchó en el frontis de la casa de Camila. Ya había anochecido y no andaba ninguna alma en la calle, pero ahí estaba Andrea, golpeando la dura puerta de madera.
Knock! Knock!
El timbre se había descompuesto hace bastante tiempo y no había motivo para que fuese arreglado. Ella no había dado previo aviso de su visita, por lo que ya temía que no la fueran a recibir –quizás no haya nadie- dijo para sí misma, algo nerviosa –quizás si golpeo la puerta más fuerte. KNOCK! KNOCK!
Todo parecía inútil y Andrea ya se resignaba a la idea de irse, después de todo tampoco tenía mucha claridad de porqué estaba ahí, todo parecía solo un impulso. La joven comenzaba a darse vuelta para volver a su casa, cuando la puerta se abrió y dejo escapar una suave voz que la invitaba a pasar, seductora, casi hipnótica, no se dio cuenta y ya estaba adentro con la puerta cerrada tras de sí.
Ya dentro, se encontró en un pasillo muy amplio y prolongado. A medida que comenzaba a cruzarlo, notó como a los costados de este, estaba repleto de plantas en diferentes y vistosos maceteros. Paso a paso se sorprendía de la extensión de aquel hogar – por fuera no se veía tan grande- dijo la joven procurando usar su voz más suave, ya que temía la presencia del eco. El lugar le daba escalofríos, pero no terror, el diseño del pasillo era muy alegre para aquello; Lo que ella en verdad sentía era curiosidad.
El pasillo terminaba dando lugar a una sala de estar bastante grande, gigante a sus ojos que lo comparaban con el de su propio hogar. Había a un rincón un sillón largo y verde, para tres personas y frente a este, a unos pasos más lejos dos sillones individuales todos del mismo color. Esto era lo que más observaba mientras sus piernas temblaban; quería sentarse, cosa que no hizo, hasta que una voz en su mente la convenció de hacerlo. Ya sentada en el cómodo sillón verde, fue cuando la divisó. Camila se veía hermosa e imponente con su metro ochenta de estatura, ojos verdes como el jade, cabello negro y rizado hasta los hombros, su rostro era joven y pálido como siempre.
Andrea seguía sin recordar porqué la visitaba tan tarde y a pesar del clima, necesitaba una excusa pues no la tenía. De pronto, ver a Camila se convirtió en razón suficiente para haber cruzado media ciudad lluviosa. Fue ahí cuando la joven recordó su estado actual, su ropa mojada y como estas goteaban en el sofá y en el piso.
-No te preocupes por el sillón- dijo Camila interrumpiendo el pensamiento de su ahora visita – se puede secar, no me preocupa que se resfrié, en cambio tu sí. Por favor ponte cómoda mientras traigo una bata y una taza de café para el frío- dicho aquello Camila se dio media vuelta y desapareció entre los abalorios de una puerta a su derecha.
Andrea comenzaba a sentir frío por primera vez esa noche, sabía que debía quitarse su ropa, pero la vergüenza la detenía. "Solo hazlo" oía en su cabeza, sin tener claridad de porqué su mente sonaba más relajada que sí misma. "Solo hazlo" volvía a oír – está bien- dijo para sí con voz suave. Comenzó por sacarse el gorro tejido, dejando escapar libre su seco y corto cabello pelirrojo. Lo dejo en el piso a su lado, para luego proseguir con su abrigo burdeo, su suéter y botas para la lluvia. Luego de ir apilando la ropa una sobre otra, con excepción de las botas que dejó al lado de estas, continuó con su polera verde, sus jeans y sus calcetines que hacían juego con la polera. Fue ahí cuando notó que su ropa interior también se encontraba mojada, "si me hubiera desvestido antes, quizás no tendría que sacarme todo" pensó avergonzada mientras esperaba que no llegara Camila para encontrarla llena de vergüenza y escalofríos. Sabía que ya no era momento de detenerse, sentía frío en su piel, pero a la vez un fuerte calor dentro de sí misma. Entre tanto pensamiento y sensaciones, solo se dio cuenta que ya estaba semidesnuda cuando el sostén cayó sobre el resto de su ropa. Fue entonces cuando entr sin emitir ningún sonido Camila, con una bata blanca en su mano izquierda y una copa de vino tinto en la derecha – ya no quedaba café, espero te guste el vino, te quitará el frío tanto o más que un café.
YOU ARE READING
Cambio
HorrorUna joven llega a la residencia de su amiga sin entender con total certeza, porque se encontraba ahí. Como tampoco la extraña noche que pasara.
