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—sabes... Creo que las espinas de las rosas rojas son las que más duelen, las que más te hacen sangrar cuando te pinchas con ellas.— Comentaba la pelinegra mientras quitaba algunas hojas secas de sus mojados rosales de color rojo, los miraba con total devoción y admiración que cualquiera pensaría que tan sólo era una niña loca, estaba sentada en el suelo mientras lloviznaba en la villa, no le importaba mojarse y miro al vampiro que la acompañaba, le dedicó una sonrisa grande, una sonrisa sincera y a la vez melancólica.— Por eso son mis favoritas.

—No entiendo, todas duelen igual, vamos adentro Marja, estas mojandote serás una bruja pero igual enfermas.—
Aquellos ojos rojos que la acompañaban a donde quiera que fuera la miraban detenidamente, con ese interés que nunca desaparecía, el día gris y lluvioso lo tenia de buen humor más no quería estar parado bajo las gotas de lluvia heladas, no era por el, el frío no lo afectaba, era por ella y el ligero temblor casi imperceptible en los labios de esta.

—las rosas rojas son por mucho las más hermosas, las más peleadas... Las más usadas en funerales, yo las recibía justo antes de ser asesinada.—

Negro oscuro Stories to obsess over. Discover now