No pienso volver a escribirle. Me paso las noches chateando con él, intentando sacar un tema adecuado, intento hablar de algo en el que nos sintamos cómodos y pueda haber conexión entre nosotros. ¡Pero ya no, se acabó! Tiene el don de joderlo todo con esa manera de responderme, esa manera de ser poco cariñoso, esa manera de mostrar poco interés hacia mi, pero por más mierda que le eche ha nuestra relación no puedo negar que me sigue gustando.
Cada día que pasa le siento distante como si comenzáramos de ser amigos, la situación resulta incómoda y aveces un poco desesperante.
—Ana.
Grita Katerina desde fuera.
—Vamos sal que no tengo todo el día.
Dejé el móvil sobre la cama y salí ha su encuentro. Al abrir la puerta lo primero lo primero que dijo fue:
—¡Eres una perra!
—¿De qué vas?
—¿De qué voy, de que vas tú?
—¿Por qué me dices eso? ¿Qué hice?
—¿Y tienes es descaro de preguntármelo? Eres de lo peor, esta no te la paso.
—Mira no estoy entendiendo nada, mejor cálmate, entra y lo hablamos.
— No hay nada de que hablar. En este momento mi madre debe estar contándoselo todo ha tu padre, se acabó Ana.
