Capítulo 1: Una nueva aventura

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Había pasado ya el descubrimiento del pasado de Lis, que regresó a Agis, Alexandria en concreto, con el collar de su amiga de la infancia, y más importante, una historia que contar. Algo que decir cuando le preguntaban de donde era. Por decirlo de un modo más dramático, se había completado a sí mismo, se sentía por fin con una identidad. No sabían si iban a encontrar al fin paz, o descanso al menos a su retorno, mas con la mente despejada y la conciencia tranquila sí que cruzaron las puertas de aquella magna ciudad, sobre sus monturas, con calma y sosiego, abriéndose paso entre la gente de calle que realizaba sus quehaceres.

Unos minutos más tarde, estaban en el castillo interno de la ciudad, dejando sus monturas e informando de su retorno a Víctor Riego. En un principio, parecían no tener ocupaciones, o no se las dieron al menos; así que se dedicaron simplemente a reinstalarse y pasar la tarde del modo más plácido que pudieron. Se produjo una extraña escena cuando Serot y Lis, que iban a aprovechar para pasar la tarde por la ciudad, se cruzaron con Gascoigne, filósofo y poeta autoproclamado de Lintea.

- Juventud divino tesoro, mas en el brote hormonal, anden con decoro, y no acaben en un matorral. -Dijo aquel anciano señor, mirando atentamente a ambos jóvenes, sorprendidos por la presencia de aquel extravagante anciano en el castillo interior.

- Perdone, ¿pero quien es usted? -Preguntó Serot, evidentemente extrañado.

- Gascoigne hago llamarme, sutil y livino como el viento, y a los que al honor osan faltarme, les llega un escarmiento. -Contestó, embriagado por su propia... ¿Lírica?

- Señor Gascoigne, deje ya de atormentar a las joventudes, no todos tienen ya cinco décadas en cada pezuña. -Le recriminó entonces un joven, que vestía el uniforme de las tropas de Lintea- Perdonad chicos, dejamos la jaula abierta. -Dijo aquel mozo a Serot y Lis.

- No hay problema, ha sido contructivo, por decirlo de algún modo. -Respondio negando con la cabeza, medio incrédulo, Serot- ¿Sois de Lintea?

- Sí, me llamo Brave Powell, y este esperpento de persona es Gascoigne. -Contestó Brave, sonriente, mientras realizaba una reverencia- He venido junto a unos compañeros a colaborar con Lance y Quentin en una operación.

- ¿El viejo también? -Preguntó Lysaet extrañada.

- El viejo es una lastre que tomamos por el camino, ni caso. -Negó riendo Brave.

- ¡Lastre tu madr...! -Gritó el anciano, al cual Brave le tapó la boca.

- ¡En fin, un placer chicos, id con cuidado y no os metáis en líos! -Dijo forzando la sonrisa, apretando los dientes, mientras se lo llevaba sin siquiera esperar a que Serot y Lis se presentaran.

- ¿En Lintea no hay gente normal? -Preguntó en voz baja, al oído de Lis, Serot.

- Dice la leyenda que de vez en cuando, alguna persona corriente aparece.

Tras aquel extraño lance, salieron de allí ambos jóvenes, a paso relajado, lento, calmado. Era su tarde libre, no había por qué preocuparse de nada. O eso pensaban. Iban de paisano, ella con una bonita especie de bata, de color blanco, y él, con los pantalones del ejército, negros -no se lo pensó demasiado- y un corto jubón claro.

Acabaron en un establecimiento al azar, media hora más tarde, en la terraza de una avenida, tomando un refrigerio acompañado de unos frutos secos, dispuestos en un plato en el centro de la mesa. A esto, lo siguió un paseo hasta un pequeño parque, con una fuente en el centro, lleno de verdes árboles que agitaba intermitentemente una brisa fresca e inverosímil, que acariciaba el largo y dejado cabello de Lis, dejándolo agitarse en vaivén, hacia adelante, y hacia atrás, al son de los pasos de la joven. Parecía una velada perfecta, hasta que un grito lo tornó todo en agitación:

Historias del Reino de Agis: El poder de la Infinitia | 3ª TemporadaStories to obsess over. Discover now