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Una vez casi juré una verdad de la que no estaba del todo seguro, estaba a punto de hacerlo. Mi lengua tocaba los dientes de arriba, lista para pronunciar las palabras. Entonces me di cuenta a tiempo de lo que estaba queriendo hacer, y lo pensé dos veces. Fue así que en vez de jurar la ficción que mis más superficiales deseos anhelaban que fuese verdad, opté por no decir nada; y en su lugar, una sonrisa se instaló en mi rostro. Por supuesto que fui confundido por un loco, no había motivo de mostrar los dientes así. Sin embargo, en lo más profundo de mi alma sabía que la razón de esa sonrisa existía. Volví a sonreír, volví hacia el mar.

A veces la vida te lleva por cosas que no quieres hacer pero terminas haciendo, tal vez por infelicidad, tal vez por querer llenar ese vacío. Otras veces uno lo hace inconscientemente, así de simple, solo sucede. Pero no quiero que me confundas por alguien que toma decisiones estúpidamente, yo no haría ninguna estupidez de forma estúpida.

Discúlpame si te estoy confundiendo, lo que quiero decir es que de las estupideces se aprende, pero no se repiten, o de lo contrario no aprendiste nada.

Es increíble lo que genera la mente humana. Apuesto -aunque esté mal apostar- a que te hiciste a la idea de que tengo algo que confesar, algo malo que me estoy guardando. Y no estaría nada mal tu teoría, porque estás en lo cierto. Hice algo: Dudé de mi capacidad, me alejé de mí, perdí por tan sólo un pequeño momento mi identidad.

¿Cómo?

Casi le juro a la imagen en el espejo que mañana iba a empezar a ser yo.

¿Pero hoy quién soy?

Te juro que no lo sé.

Palabras de un soñadorStories to obsess over. Discover now