Capítulo 1: Sanrah Sunwalk

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Hacía pocas semanas desde que mi camino hacia Lau había comenzado. Podía divisar las hogueras de la ciudad en el horizonte y era lo único que veía. Mis planes eran avanzar un poco más antes de acampar.

Durante el día, me paré a recoger ramas y hojas secas del suelo para una hoguera, aunque no necesitara combustible, pero viene bien para disimular. Las ramas de Duva eran bastante elásticas, mas su dureza no era de envidiar. Al meterlas en mi bolsa de viaje con prisa, solían romperse y convertirse en palos inútiles.

No había por qué avanzar más, había llegado por fin a un claro bastante inusitado en estos bosques, y es que no era de esperar tal ralo en estas arboledas. Pero sin darle muchas vueltas, coloqué mi piel de ciervo Aerond sobre el suelo para tener un lugar donde descansar.

-Seuneu dina leungeun kuring

Al pronunciar estas palabras, una pequeña llama aparecío en mi mano derecha. La dirigí hacia la hoguera que había apañado, justo al hacer contacto con ella una llamarada iluminó todo el claro.

-Pasangan mucunghul

Y un hombre apareció en frente de mí.

-¿Qué desea mi señora?

-Haz guardia durante la noche, si ves a alguien o algo que quiera hacerme daño, avísame.

-Sí, mi señora.

Y así me dispuse a dormir, mañana al fin llegaría a Lau, donde podría descansar en la posada sin preocuparme de los bandidos o sicarios.

-Señora, la noche ha finalizado. No he advertido ninguna amenaza contra su seguridad en el transcurso de la misma.

-Pendamping ngaleungit- Dije, en voz baja, al finalizar el hechizo, se desvaneció tan rápido como apareció ayer.

Recogiendo mis pertenencias e intentando dejar tan impoluto como pude el lugar, continué mi camino hacia el sur.

Hacía un día increíble en Irelen, los diminutos celajes presentes en el firmamento no le quitaban protagonismo a un sol de primavera absolutamente maravilloso. La temperatura era digna de una siesta bajo los árboles, pero no había tiempo para ello.

-¡Alto! Por orden del Rey Georbrand está restringido al acceso a la ciudad de Lau.

-¿A qué se debe tanta cautela?

-Son asuntos Imperiales de extrema importancia, así que ahora da media vuelta y márchate.

Di media vuelta y me marché, pero no iban a detenerme tan fácilmente. Al ver un árbol con el tronco lo suficientemente grueso, me escondí tras él.

-Gaib teu katangtu

Entonces volví a las puertas de la ciudad, pasando entre los guardias sin problemas. La ciudad era bulliciosa, los mercaderes gritaban sin cesar intentando vender sus productos a los viandantes.

-¡Vendo carne de Fasttri al mejor precio!

-¡Las mejores armas de todo Irelen en mi tienda!

Sin detenerme llegué a la casa que estaba buscando. En esa negligente morada, habitaba uno de mis mejores aliados en el norte, Rolliam Flameblur.

Al ingresar en el domicilio, divisé una pequeña mesa llena de libros, y una anciana que me observaba con recelo.

-¿En qué puedo ayudarte pequeña?

-Busco a Rolliam, Rolliam Flameblur.

Al decirle el nombre, sacó una pequeña daga de uno de los cajones y me lo puso al cuello.

-¿Eres uno de los sicarios de los Picker? ¡Responde!

-Tranquilícese, solo estoy aquí para hablar.

Retiró la daga y la volvió a guardar, y dirigiéndome una mirada de odio, se marchó a una de las habitaciones colindantes. Poco después volvió a salir, pero esta vez acompañada de un hombre alto y corpulento.

-¡Sanrah! Por los dioses, ¡Qué alegría verte!- Dijo abrazándome con fuerza.

-Yo también me alegro de verte.

-Acompáñame, el vestíbulo no es lugar para charlar.

Rolliam me acompañó a un salón contiguo donde tomamos asiento, y, tomando unas cervezas, comenzamos a hablar.

-¿Qué te trae por aquí?

-Ni yo misma lo sé.

-Bueno, cambiaré mi pregunta, ¿Cómo has conseguido entrar?

-Usé el hechizo de invisibilidad que me enseñaste hace dos veranos.

-¡Ah, ese hechizo! Lo he perfeccionado mucho durante estos años, ¿sólo conoces tres palabras no?

-Así es, pero no podemos desviarnos del tema principal, tenemos muchas cosas que contarnos, pero poco tiempo para hacerlo- Dije.

-Cierto es, discúlpame, sólo quería mantener un cierto grado de cortesía. Pues, ¿Qué buscas que yo pueda darte?

-Busco a Lord Bronzehilt, debe responder por la muerte de Ser Dayblack.

-¿Bronzehilt ha asesinado a Ordham Dayblack?

-Así es, Ser Dayblack fue apuñalado por una espada de Hierro Rukai, y el único poseedor conocido de este tipo de espadas es el ejército de élite de Bronzehilt.

-Ha partido hacia el sur, quiere comenzar la conquista de Mazrom...

-Gracias por tu ayuda Rolliam, que Rodru te guíe.

-Lo mismo digo

Salí de aquella vivienda con nuevos avances en mi investigación. Lord Bronzehilt desea más espadas de Hierro Rukai y el continente de Mazrom es el único que contiene ese mineral. Pero está bajo el control de los Enanos, expertos en maquinaria de guerra. Él solo no puede conquistar esas tierras, necesita aliados...

Seguiría reflexionando sobre esto más tarde, ahora debía llegar a la posada más cercana para descansar. Y por el camino, quizás podría encontrar un puesto de mensajería, para informar a Uken de los avances conseguidos en la investigación.

-Perdone buen señor, ¿conoce alguna posada por esta zona?

El hombre se giró y dirigió su mirada a mi collar, que me identificaba como estudiante de magia en el colegio de Meseal.

-Lo hay, pero no dejan entrar a norteños, mucho menos practicantes de magia. Esconde ese collar, gira a la derecha en la siguiente confluencia de carreteras, y verás el cartel de "El Fasttri borracho".

-Gracias por su ayuda.

Me dirigí a la posada que me había indicado aquel hombre, no sin antes guardar mi collar en mi bolsa de viaje.

Abrí la puerta y un desagradable olor a vino sureño casi me hace desmayar. Había un montón de gente bailando al son de la música del bardo. Era música de las Islas del Ecuador, y no es que me guste mucho la música de por allí.

Al poner un pie dentro del albergue y hacer crujir la madera de la que se componía el suelo manchado de alcohol, todos se quedaron en silencio y me miraron. Yo tapé mi cara como pude, y mirando al suelo me acerqué a la barra.

-No tenemos cervezas norteñas escoria.

-No vengo a beber, vengo a dormir.

-Para ti serán 100 denarios Imperiales.

Ese precio era exorbitado, nunca había pagado más de 50 por una habitación, pero me daba igual.

-Tome 150- Contesté, dejando la bolsa sobre la mesa.

El hombre, perplejo, me entregó las llaves de una habitación, la más cara al parecer. Las tomé con mi mano izquierda, y me giré hacia los demás, que seguían taciturnos y rencorosos ante la presencia de una norteña.

-Disfrutad de vuestras bebidas- Dije antes de dirigirme a mi habitación.


IrelenWhere stories live. Discover now