El Gatillo y El Cerdo (Capitulo 1)

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 El día estaba nublado y la nieve caía lenta pero constante adornando el panorama de un blanco perfecto , todos los edificios tenían como bienvenida grades montículos de nieve en sus entradas tapando las vías peatonales de toda la ciudad , en la plaza del Monumetalla que se encontraba en una zona industrial llamada Arbatoren se estaba celebrando un  mitin de un pobre político de poca monta en la dictadura, aun así la cantidad de personas presentes no pasaban de unas cincuenta personas todas obligadas por las fuerzas opresoras del gobierno, la mayoría de la personas eran trabajadores del sector públicos y otros cuantos peatones que a su mala fortuna se cruzaron por esa zona en mal momento. Sus caras solo demostraban obstinación de la más profundo, un joven rubio con un gran suéter que parecía tener más de un mes sin lavarlo dormitaba ahí parado, cabeceaba constantemente para luego despertarse cuando sentía que su cabeza precipitaba más de lo debido, dando un latigazo rápido para volver a incorporarse y así pasado cinco minutos repetir el proceso.

La temperatura en la plaza Monumentalla se encontraba en -12 grados centígrados, lo suficiente como para que cualquier persona se congelara del frió, pero para Hoffenhein no había frió, su sangre se congelo hace tanto, por sus venas pasaba hielo. Hoffenhein se encontraba en la terraza de un edificio a unos 1500 metros sentado al borde de la terraza, esperaba, su mirada sin sentimientos seguía cada paso de la pequeña mota roja que se movía de la lado a lado, sus gritos y algarabías se escuchaban con toda claridad, el  se sentía poderoso, se sentía realizado pero no sabía lo que le esperaba, la muerte iba a hacer de la sueñas con su cráneo. Hoffenhein tenía la fama de ser un gran tirador tanto que sus amigos le colocaron el sobrenombre de el Gatillo. Así que ahí se encontraba el con el rifle en sus manos posicionado listo para disparar, la encomienda se facturo con tiempo de antelación. El Gatillo había preparado el tiro con total perfección siendo estrictamente meticuloso, el sabia que a esa altura del juego los errores eran imperdonables. Hoffenhein puso el ojo en la mira y apunto hacia la cabeza del político, coloco suavemente el dedo sobre el gatillo y respiro profundamente, aguanto la respiración y el tiempo empezó a transcurrir lentamente a la par que sus pupilas se dilataban y su corazón baja el ritmo de sus latidos, pero golpea la caja torácica con suficiente fuerza para que el sonido retumbara en sus oídos y espero, y espero, espero el momento perfecto.

En la plaza el político terminaba su mitin con un enardecido grito "VIVA LA REVOLUCIÓN!" que todos se vieron obligados a repetir con los mismos ánimos, ese preciso momento la cabeza del miserable gordo exploto en mil pedazos por culpa de una bala calibre 50, era sorprendente ver la cara de alegría de los presentes al darse cuenta que el político por fin guardo silencio, pero ese momento de emoción dio paso a la histeria total y colectiva al mirar los sesos y la sangre que pintaba toda la tarima. La sangre hacia juego con la blanquecina nieve, todas las personas salieron despavoridas hacia todas partes perdiéndose en la calles de Arbatoren. Hoffenhein una vez cumplida su encomienda se encamino de inmediato hacia la puerta de servicios que daba a las escaleras de emergencias, bajo sin mucha prisa, una vez que salió a la calle se dirigió cuatro cuadras al norte en dirección a la  zona empresarial llamada Sekter. En la avenida 18 de Arbatoren El Gatillo se detuvo de seco en una esquina, en ese momento un carro de color negro paso y el tirador de sangre fría subió a el automóvil , el carro arranco a toda velocidad y tomo el primer desvió a la autopista donde transitó durante aproximadamente treinta minutos.

En Sekter ya la noticia de la muerte del asqueroso gordo se había propagado por toda la capital, el asesinato de políticos no causaba gran conmoción en las masa de este sector de la población, era algo irrelevante para los aristocráticos, ellos no saben de problemas, su mayor preocupación era si comerían caviar o  cual vino tomarían en la mansión de su vecino. Pero para la rebelión eso era un mensaje contundente, todos debían saber que cualquier simpatizante de la revolución tendría su propia condena, en aquellas épocas nadie sabía si era lo correcto pero solo los acontecimientos darían luz a los sucesos venideros.

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