Era una tarde de finales de primavera, esperabas a que el transporte pasara para llevarte a tu casa para descansar de un largo día de trabajo. Sentías que tu vida empezaba a tornarse monótona y un tanto gris, pues así era tu rutina: Te levantabas temprano, te arreglabas, bajabas a desayunar y si te pasabas 5 minutos, tenías que salir corriendo a la parada para alcanzar un autobús que pasaba cada media hora, todo para llegar apenas a tiempo a trabajar.
Así transcurrían tus días, uno tras otro, sin cambio alguno; cualquiera diría que vives para trabajar, pero la verdad es que para ti, ese era el único sentido que tenía tu vida... tenía, pues ella misma es capaz de jugarle una pequeña broma a cualquiera... incluso a ti...
Esa tarde en el autobús, viste lo mismo de siempre; personas subiendo, bajando, encerradas en su mundo...igual que tu... Aunque a veces pensabas y esperabas que algo totalmente diferente te pasara.
Así pasaban muchos días, pero esa tarde fue un poco diferente, algo pasó. No sabes explicarle a tus ideas, a tus preocupaciones; fue una sensación, un sentimiento que hizo que de alguna manera, el piso se moviera bajo tus pies. Tratas de poner en orden tus ideas, pues no sabes si una voz te hizo alzar la mirada, que dicho sea de paso, tenías fija en el suelo; o algo simplemente pasó, la cuestión es que tu mirada se cruzó con la de ella... y sus ojos cafés se quedaron en tu mente.
Llegaste a casa, un tanto fatigado por el trabajo, pero algo hizo que tu fatiga fuera menor... si, precisamente, esa chica que topaste en el autobús; sus ojos no solo robaron tu mirada, tambien el sueño.
