Como cualquier día de verano, los brillantes rayos del sol golpeaban en su rostro pálido amenazando con quemarlo. Él caminaba tranquilamente por la calle, escuchando música por sus auriculares.
Llego a su casa vacía y se dirigió a su habitación. Una vez con su mirada en el techo, suspiró. Aún estaba en shock, no esperaba sentir tantas emociones en un solo día. Necesitaba un tiempo para entenderlo.
De un momento a otro sus ojos se pusieron rojos y las lágrimas salieron como unas cataratas.
"¿y ahora qué hago?"
Se preguntaba a cada rato.
"¿Qué hago sin ella?"
Se levantó dispuesto a golpear la pared mientras gritaba que todo debía ser una broma. Golpeó la pared hasta caer de rodillas.
No podía aceptarlo, no quería hacerlo. No quería pensar que la mujer que amaba había tenido un accidente, no quería aceptar que no volvería a verla.
"Ésto no es justo, ¿por qué ella? ¿por qué no a mí? No quiero estar sin ella. Y la necesito, y ahora la necesito, la necesito ahora mismo."
Secó sus lágrimas y se acurrucó en un rincón. Sus manos le dolían horrores pero simplemente lo ignoraba. El dolor que tenía en su interior era peor.
Después de un tiempo comenzó a reír. Le parecía irónico que de un momento a otro su mundo se desmoronara. Que su vida fuera tan frágil y que no pudiera evitarlo.
Las horas pasaban y él seguía en ese rincón sin tener intenciones de moverse. Se quedaría allí hasta que su pesadilla se terminara o hasta que su cuerpo lo dejara.
Pero esa pesadilla no terminó. Se convirtió en un mounstruo, en su única compañía.
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Cuentos Extraños
RandomMini cuentos randoms hechos con mucho amor y algo de demencia ☆
