Fue la última vez que te lloré.
La última vez que te recordé de manera nostálgica.
La última vez que nos imaginé juntos.
Después de esa vez te vi partir de mi corazón en un camino de ida, en el que la vuelta estaba llena de obstáculos. Te saludé con lágrimas en los ojos y dije: "espero algún día volver a sentir todo lo que te estás llevando". Nunca lo volví a sentir, nunca me devolviste lo que yo más adoraba.
Me quedé seca, por dentro, porque por fuera las lágrimas nunca me faltaron cuando tuve que contar por qué ya no estabas en mi familia.
Te fuiste por una y mil razones por las cuales yo me hubiera quedado, entre las cuales yo hubiera comprendido cuál era la que más importaba: te amaba.
Le dabas un sentido a mi vida que no sé si alguna vez lo pude sentir previamente a conocerte. Y conocerte, mi amor... Fue una de las mejores sensaciones que la vida me regaló.
Sentir el viento en la cara en el más crudo invierno o disfrutar de un día de playa con un sol pleno y la marea tenue nunca se va a comparar con tal momento. Cuando saludé, con indiferencia, y recibí lo mismo a cambio. Del resto se ocupó el destino. Esa noche fue escrito el nuestro. Yo tenía que estar en tu camino y vos en el mío, y, en el caso de probar la existencia de algún Dios, gracias por dejarme hacerte reír. Por verte tantas veces y que con el pasar de los años la sensación de estar en casa no desaparezca.
El tiempo pasa, la gente pasa, la gente cambia... Pero esto que te digo, mi vida, nunca cambia. Sos mi casa, sos mi hogar, tus brazos me hacen sentir que no me tengo que ir a ningún lado, que con vos nunca voy a correr ningún riesgo.
Sin embargo el tiempo te da explicaciones de lo que sale mal. Te das cuenta de que fue tu culpa, o que no lo fue. Para aprender de vos y de los otros, para saber si está bien confiar. Y siempre está bien confiar, de no ser así, ¿cómo habría yo conocido tal divinidad como besar tus labios escuchando nuestra canción favorita?
Mi vida, tus momentos, tus risas, tu mirada... Todo está dentro de mí, y vida que pase, permanecerá en su lugar.
Porque vos, mi amor, sos el lugar al que pertenezco.
