Capítulo Uno - Diente flojo.

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Colegio.

–Ffsssssssssss–, así suena cuando silbas por el hueco del diente que se me cayó esta mañana, en el recreo. Lo sé.

–Mi papá– me dijo que no comiera esos dulces en el recreo, pero yo no le hice caso, y se me cayó el diente. –Fssssssssssssssss–

–Soy Juana, tengo diez años casi once, en realidad en siete meses y veinte días.

­–Me falta un diente, que me imagino que en un tiempo me crecerá, eso creo; vivo con mi papá, se llama Facundo de las Mercedes rimbombante del Sagrado Corazón de Jesús de las campanitas del pil pil talán talán, pero le digo Facu o a veces Pa, Papá, depende de cómo estemos de cheveridad.

–Hoy salí de mi casa al colegio tarde–, eso me pasa siempre que me miro al espejo y muevo mi diente flojo con mi lengua. Lo movía mientras me peinaba, mientras eso, me gusta pensar que estoy en un programa de música (toco flauta traversa), lo hago porque supe que seleccionaban a la próxima flautista en la filarmónica de Münich (¿dónde queda Münich?), no sé, pero una vez lo escuché en mi casa, por eso me acordé.

–La semana pasada en la mañana, con mi diente aún en la boca, pensaba, mientras mi papá me llevaba de la mano: ¿qué quería ser cuándo grande? Espero que sea algo entretenido, pues no me aguanto el aburrimiento.

–Bueno esta pregunta me surge desde hace un tiempo, digamos cuando tenía seis años, es decir ya era grande. Yo, en ese tiempo decidí que sería cantante, tocaría música con mi flauta traversa, bailarina, artista, arquitecta (esa que hace barcos), soñadora y directora de cine.

–Eso fue cuando era pequeña a los seis, ¿o era grande?, ya no lo sé. Ahora a los casi once, no sé si algo cambiará, pero bueno eso es lo que quiero ser y hacer, por eso voy al colegio para aprender a tocar flauta y a cantar, aunque la profesora de música me dice que la flauta no es lo mío, bueno no entiendo mucho, porque lo dice, pero eso dice.

­–Fffffffffsssssssss, sonaba mi intento de silbar, ¿oye papá, tú sabías lo que ibas a ser cuándo grande?, –le dije a Facu– pero él iba concentrado en tomar mi mano al cruzar la calle, mi maleta de colegio, maletín de él y tratando que el zapato izquierdo al que se le había soltado el cordón, no le jugara una mala pasada.

–Jua, hija– como me decía cuando estaba de buena onda conmigo­–, me dijo en el desayuno, que cuando tenía mi edad el quería ser astronauta, si astronauta de verdad, me reiteró mientras me miraba con cara de: es verdad.

–Ciertamente usé mi cara y mirada de "don't believe the true" (lo sé es el nombre de un disco de Oasis, pero a los hermanos Gallagher no creo que les moleste) la verdad no me imaginaba a Facu, así de astronauta.

–Me gustaba mucho cuando me dice Jua, pues se acercaba a lo seco que suena, pues si a una le ponen un nombre seco, debe ser seco, como si hueles a la madera de la mesa del comedor o cuando rompes unas nueces para comerlas o un portazo de rabia en la casa. Siempre.

–No hay cosa que me molesta mucho más que cuando me dicen ¿Juanita cómo estás...? eso me da una rabia. Si en realidad mis padres, me hubieran puesto juanita, lo entendería, pero me pusieron juana y así me gusta.

Una vez en el bus, me saltó una persona al lado y me dijo- ¿Cómo te llamas linda muñequita? – me decía la señora del pelo con color de algodón, en el bus– que me preguntó cómo me llamaba. Estaba a punto de decirle que le importa, pero tomé aire tres veces y me acordé que mi papá me dice siempre – debes ser educada con las viejas mayores, personas mayores quiero decir.

–Y le dije nuevamente –Juana–, ella me miró y dijo – otra vez ¿Juanita?, rápidamente le dije ¡no vieja, soy Juana!

Mi papá se puso rojo– decía a la señora con voz compungida–, que las hojas se caen señora– ahhhhhhh, dijo la señora rascándose su cabello. Mi papá me sentó en sus piernas, me miraba con la cara roja, pero de risa.

Viajando de Marte a Júpiter en bicicleta. (sin rueditas chiquititas a los lados)Stories to obsess over. Discover now