No sé cómo empezar esta historia, así que comenzaré por el día en el que mi tío me dió la sorpresa.
Buenos días... Para vosotros, porque ese día me desperté sobresaltado por una pesadilla que solía tener habitualmente, si se pudiera llamar pesadilla, porque es más un recuerdo malo que otra cosa.
El sueño empieza estando de fiesta, a mi alrededor se encuentra mucha gente, y de repente empieza a sonar mi teléfono. En ese momento es cuando toda la gente de mi alrededor desaparece y me centro en el teléfono, es una llamada, con la cual no puedo interactuar. Acto seguido aparezco enfrente de la casa de mis padres. Todo está bien hasta que aparece una pequeña brasa. A partir de ese momento ya no me puedo mover libremente por el sueño, solo podía limitarme a observar. Observo como la brasa avanza hasta mi hogar, y rápidamente hay otro cambio de plano. Ahora me encuentro en la cocina, ya sabía lo que iba a ocurrir, lo había soñado muchas veces. Ahora aparecería mi madre en unos segundos, y el gas llevaba encendido un rato, por lo tanto, ya podéis imaginar el resultado. La llamada era mi padre para que diera la alerta a los bomberos.
Mierda.
Mierda.
Se me olvidó poner el despertador, y tenía que ir a trabajar. Espera. Todavía tenía tiempo, podía incluso ducharme tranquilamente. Trabajaba en un supermercado, pero mi jefe era excesivamente sencillo, tanto que lo único del uniforme que teníamos que llevar era la placa de identificación y una camiseta negra. A mi me gustaba más el blanco, pero decían que el negro me quedaba bastante bien, puede que incluso mejor. Decidido a llegar puntual elegí la ropa, y me fui a duchar. En el pasillo cogí el altavoz y puse una playlist de Spotify. Después de ducharme me miro al espejo, pero porque antes no tiene la gracia de limpiar el espejo empañado. Me gustaba poner caras mientras me peinaba y cantaba, la mayoría de veces intentaba levantar las cejas con naturalidad, ya que no me sale hacerlo. Y si no, pues fruncía el ceño y me miraba a ver si tenía puntos negros. Ese día no me podía entretener, así que decidí simplemente peinarme y vestirme.
Otra vez, mierda.
Mierda.
¿Donde he dejado mi collar? No puedo ir sin ese collar a ninguna parte, es un regalo muy importante, me lo regaló mi mejor amigo, tiene uno igual, y es muy valioso para ambos debido a que simboliza nuestra amistad. Me digné a buscarlo por toda la casa. Uff. Lo encontré. Estaba en el patio de la casa, lo debí de dejar allí el día anterior. Miré el reloj. Tenía veinte minutos para llegar, lo que me pareció estupendo, me sobraba tiempo y todo.
Me acordé de Nico, mi gato, si se pudiera decir que era mío, porque de vez en cuando aparecía por mi patio, solo a por comida, pero a cambio me hacía compañía un buen rato y se dejaba acariciar. Tenía que echarlo de comer. Ayer se me olvidó. No creo que haya afectado a su dieta, es un gato muy regordete, de color negro. Siempre que le veo me pregunto por qué la gente dice que esos gatos traen mala suerte, son muy monos y además si haces buen trato con ellos te devuelven el favor. Estaba esperando a que le echara comida, le puse el doble para darle a entender que lo sentía. Pareció entenderlo, me lo devolvió dejando acariciarle.
Quince minutos.
Todavía tengo que desayunar. Me caliento la leche. Pongo las rodajas de pan en el tostador. Salen. Les echo aceite y azúcar, me dispongo a darle el primer bocado y... Joder, les había echado sal. La cara de asco que puse no fue normal. Tuve que hacer dos tostadas otra vez.
Después de desayunar me dirijo a por mis llaves y mi cartera, junto con mi mochila de tela. Salgo por la puerta y observo el cielo. Hace un buen día, y mi barrio, en Vancouver, está tranquilo, demasiado. Se nota que la mayoría de gente tiene las vacaciones en esta época del año, verano, me encanta porque se está genial, aunque este año hace más calor de lo previsto. Llegaba de sobra a mi turno de trabajo, ya estaba el bus, solo tuve que subirme.
La rutina de siempre. El asiento del medio. Al lado de la ventana. Al otro lado nadie. Saco los cascos. Elijo mi canción favorita, Prayer in C, y miro por la ventana.
Muy típico de los videoclips, ¿no?
Hoy me tocaba abrir a mi la tienda, pero tenía la ventaja de que hoy mi mejor amigo, Eizan Blain, entraba a la misma hora que yo, así que le sugerí que podría abrir por mi. En cierto modo tenía pensado que ese día me dormiría, no se por qué.
Primera parada.
Segunda parada.
Tercera parada, esta era la mía. Me bajé y fui a la tienda, solo tenía que andar dos manzanas más. Llegué y allí estaba Eizan. Ya había abierto la tienda. De hecho, parecía que estaba un rato allí. Me acerqué. Le di un abrazo y empezamos a charlar.
-Hola tío, ¿no ha habido ningún cliente todavía?- le pregunté, ya que estaba fuera y era el único empleado hasta que llegara yo.
-No, llevo aquí veinte minutos. De todas maneras que no te extrañe que no venga nadie todavía. Es verano y encima es agosto, la mayoría de gente se va de vacaciones. Mmmm, has tenido prisa en arreglarte lo normal para venir, ¿verdad?- ya no me sorprende que me analice así con exactitud, así que decidí asentir con la cabeza- entonces deberías ir al baño, no te has dado cuenta de limpiarte los restos de comida del desayuno, rubiete- ese mote solo se lo permito decir a él, pero es porque mi pelo es especial, en invierno es muy moreno, como a mi me gusta, pero a diferencia del verano no tiene nada de rubio, y en verano lo tengo totalmente rubio con pequeñas mechas morenas.
Acto seguido decidí ir al baño de empleados. Para limpiarme por supuesto. Me quedé mirando al espejo, me gustaba quedarme embobado a veces mirándome. Mi pelo es ahora en verano rubio, como mucho castaño si te fijas detalladamente. Mis cejas eran finas, de un tono marrón suave. Mis ojos, todo el mundo me decía que les encantaban, pero yo no me veía especial, eran simplemente verdes. Mi nariz es normal, nada que destacar de esa parte. Y mis labios son lo suficientemente finos para no ser tan gordos. Me di cuenta de que se me había olvidado afeitarme ayer, por lo que ya tenía algo de barba.
Abrí el grifo de agua fría, me limpié la cara y me la sequé. Saqué mis lentillas de mi bolsa de tela y me las puse.
Si, uso gafas, y me quedan mal. Por algo llevo las lentillas siempre.
Me volví a mirar al espejo, arqueé las cejas y me quedé unos minutos así hasta que empecé a oír algo, era Eizan.
-¡Carter! Tienes visita, tú tío ha venido a buscarte, quiere darte algo, ven cuanto antes.- me parecía raro que viniera mi tío, ya que no nos llevamos muy bien que digamos.
Espera, vuelve a leer lo anterior, si, has leído bien, mi nombre es Carter. Se me estaba olvidando decírtelo. Carter Odeth.
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"El trono"
Random"Un poder implica una gran responsabilidad", una frase que todos tenemos clara en la mente, pero que en este tiempo no importa, debido a que no hay nadie que gobierne como es debido, por lo que los "ángeles" deciden interferir en los mortales para q...
