Aegon bajó de su dragón de un enérgico salto, pese a estar agotado por el viaje. Sabía que le mandaban allí no para que pudiera alimentar sus arcas del comercio que ofrecía la ciudad portuaría de Volantis, si no para que lidiara con esos salvajes que habitaban las orillas del Rhoyne. Lo primero que hizo fue acercarse a la enorme cabeza de Shrom, su enorme dragón del color de la sangre, y palmear su hocico para agradecerle que le hubiera llevado tan rápido. Días atrás, había dejado a su familia en el camino y había acudido a la ciudad a todo correr para hacerse inmediatamente con el mando de una situación que era realmente crítica. Los Rhoynar llevaban semanas atacando las barcazas que bajaban por el río, repletas de esclavos y de materiales preciosos, produciendo pérdidas que se contaban en millones de monedas de oro y plata. Su principal tarea era mantener la ruta del río abierta y una vez conseguido eso, masacrar a sus enemigos para pacificar esa rebelde provincia.
Se pocupó de que su dragón fuera perfectamente atendido por unos esclavos y después entró en el palacio de la gobernación de la ciudad a paso ligero, todavía con sus capa de viaje sobre la ornamentada armadura, roja y negra. Todos los esclavos se apartaban de su camino y se inclinaban ante él, hasta que un hombre de pelo oscuro y ojos marrones se paró ante él. Supuso que era un liberto y sintió ganas de golpearlo por el simple hecho de que esa escoria se atreviera a ponerse ante él e interrumpir su camino. Pese a su deseo, se contuvo, suponiendo que ese hombre tendría un motivo de peso para interrumpir el camino del nuevo gobernador.
El apocado hombre no se atrevía a mirar a los ojos del valyrio, violetas puros y brillantes, sabiendo que ya tentaba bastante a la suerte colocándose en su camino. -Eminencia- dijo en un susurro y mirando al suelo -el noble Lord Matarys me manda llevaros inmediatamente a la sala de reuniones, están celebrando consejo, no se os esperaba tan temprano-.
Aegon asintió sin decir nada y con la mano en el pomo de su espada de acero valyrio, con aire amenazante. No tardaron nada en llegar a una lujosa sala, adornada con tapices que representaban a unos altos hombres y mujeres vestidos con hermosas armaduras que esclavizaban una ciudad Ghiscarii, mientras en el cielo volaban los dragones. En medio de la sala se encontraban 4 hombres discutiendo a voz en grito, alrededor de una ornamentada mesa de lo que parecía ser roble. Aegon se quedó en silencio tras ellos escuchando lo que decían. Al parecer, ese tal lord Matarys abogaba por lanzar un gran ataque subiendo pos ambas márgenes del río mientras los dragones cubrían el cielo y servían de refuerzo. Los demás negaban, diciendo que era una locura hacer eso porque los dragones quedarían bloqueados en el cielo sin poder descender debido a la magia de los bárbaros y la infantería sería masacrada. Por el contrario, los otros optaban por guarnecerse en la ciudad y esperar a que vinieran refuerzos de la metrópoli. Ese fue el momento en el que el Targaryen se pronunció, con voz profunda y decidida, sabiendo que debía tomar el mando y cumplir las órdenes que le habían dado, o bien su cabeza correría peligro.
-Ambas ideas son una completa locura- dijo mientras se acercaba a la mesa con aire decidido colocándose frente a esos hombres y sin tomar asiento. -Hasta que no seamos capaces de neutralizar su magia no podremos usar a los dragones como apoyo sin ser un gran riesgo a no ser que dispongamos al menos de dos docenas y por los informes sé que contando con el mío no tenemos más que 4-. Paseó la mirada por los rostros de esos hombres, estudiando sus reacciones. Parecían sorprendidos e incluso enfadados pero habían imaginado que sólo el nuevo gobernador de la provincia se atrevería a entrar así en su consejo de guerra, por lo que se mostraban mesurados y escuchaban. -Pero tampoco podemos quedarnos en la ciudad encerrados tras la muralla puesto que las órdenes son abrir las rutas fluviales y eliminar al enemigo-.
En ese momento, Matarys se levantó, algo indignado por el modo de proceder tan poco diplomático del militar y le espetó -¿entonces qué maravilloso plan se le ocurre al gran gobernador?- en su boca, esas palabras sonaban como insultos, no le gustaba que un hombre que venía de la nada le diera lecciones por muy gran luchador que fuese -Porque sinceramente no veo otro modo de proceder que aquel que ya he expuesto. Un ataque brutal, es cierto que arriesgamos los dragones pero no...-
En ese momento, Aegon dio un fuerte puñetazo en la mesa con su mano recubierta por el grueso acero del guantelete -Si que hay otro modo y os lo voy a explicar. Y el próximo que me interrumpa será azotado en el patio como un vulgar esclavo. Esto es un consejo de guerra, no el senado aquí se habla de forma educada y con respeto a los superiores, como manda la disciplina militar-. Su tono era duro y Matarys pareció empequeñecer ante las duras palabras de su nuevo comandante, cargo que antes ostentara él mismo, resultando con la pérdida de dos dragones y varias decenas de miles de soldados tanto de su propia casa como de las tropas mandadas desde la metrópoli. En cuanto todos estuvieron de nuevo en silencio y se vio que nadie le iba a interrumpir por lo serio de la amenaza, continuó hablando ya con la voz más suave. -Por lo que he leído, sus principales ciudades están al borde del río y protegidas por sus malditos magos pero hay pueblos por toda la campiña y el valle a ambos lados del río. Pretendo atacar esos pueblos levemente defendidos y hacer arder a hombres, mujeres y niños hasta que alguno de los reyezuelos del Rhoyne salga a campo abierto... momento en el que les destrozaremos y demostraremos que seguimos aquí y que vamos en serio. Después veremos cómo abrir la ruta del río... aunque se me ocurre algo que podría ser de utilidad para ello... Preparad al ejército, quiero que salgamos en dos horas como mucho, aprovecharemos la noche para lanzar el ataque y os prometo que al amanecer tendremos una batalla. Y llevad todos los dragones-. Y sin mirar atrás, salió de la sala para volver a montar en su dragón, sintiéndose culpable por forzar tanto a la bestia, aun sabiendo que eso era necesario para afirmar su autoridad frente a los señores locales.
Muchas cosas pasaban por la cabeza del valyrio, como cada vez que se iba a enfrentar a una batalla. Pensaba en las escaramuzas con los diferentes pueblos de bárbaros, hasta la gran batalla de unos años atrás cuando por fin habían logrado someter del todo al imperio de Ghis, quedando sólo algunas pequeñas ciudades sin importancia en la costa. En esa campaña en concreto se había labrado una preciosa reputación luchando en la primera línea y siendo el primero en atreverse a volar sobre las murallas de Mereen para pasar por el fuego de su dragón las enormes máquinas que lanzaban jabalinas capaces de atravesar a un dragón adulto. Shrom había acabado con un ala desgarrada pero su iniciativa había permitido tener los cielos libres por lo que ante la amenaza de que la ciudad fuese incendiada los Mereeneses salieron a campo abierto, siendo masacrados mientras los dragones escupían fuego desde el cielo y descendían para atrapar en sus fauces a varios hombres y caballos por pasada. Lo único malo de esa batalla era que la masacre había sido tal que apenas pudieron hacer prisioneros para llevarlos a las minas de los 14 fuegos, sólo unos miles, la mayoría mujeres, niños y viejos.
Sin darse cuenta ya estaba frente al enorme dragón rojo. Sólo su cabeza era más grande que muchos de los edificios que tenían alrededor y por sus fauces abiertas podían pasar 3 caballos uno al lado del otro. Su cuerpo era como una pequeña montaña de músculos y afiladas escamas y púas, con unas enormes garras y una cola terminada en varias púas con el tamaño de lanzas que usaba para atravesar a sus enemigos. Sus alas eran enormes también,. de unos 30 metros de envergadura cada una. Suspirando y dedicando un último pensamiento a su esposa-hermana y a su hijo Daemon y su hija Rhaella, montó en el enorme animal y le mandó alzar el vuelo mientras agarraba su casco, con forma de una boca de dragón rugiendo, de color rojo brillante, y se lo puso, ajustando bien las correas para después estirar sus cansados músculos debido al viaje y dar vueltas de forma perezosa sobre la ciudad, observando cómo en las puertas de la muralla negra se iba reuniendo un enorme ejército.
ESTÁS LEYENDO
Fuego, Sangre y Acero.
FanfictionFanfic ambientado en la antigua Valyria. Estamos en una época en la que pese al enorme poder del Feudo Franco, sus fronteras se ven constantemente atacadas tanto por los remanentes del Imperio de Ghis como por los Rhoynar y su poderosa magia del ag...
