Capítulo Único

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Desde hace ya unas cuantas centurias...

Podría atreverme a decir que más...

En un valle alejado de los primeros asentamientos humanos, había un solitario árbol. Este contenía dentro de su tronco la legendaria balanza de Dios: Una balanza a la que le podías hacer sólo una —Cualquiera— pregunta Y está se inclinaría dependiendo de la cuestión.
Era capaz de "responder" sí o no, y el cielo era el límite...

Tanto poder —Por supuesto—. merecía descansar bajo un cuidado decente.
Así que el encargado ideal enviado por Dios para proteger la balanza fue un sólo Ángel; era esa su única misión y se las arreglaría para cumplirla al pie de la letra.
Pues el ángel era tan hermoso como letal, y daría su vida para proteger lo que Dios había dejado a su cargo...

Así, le pasaron los años...

El árbol solitario se hizo bosque, y, dentro de él se formaron las más diversas criaturas mágicas. El poder incalculable del ángel bañó de la chispa divina todo el lugar, encantándolo.
De día y de noche las ninfas y las hadas se agolpaban a los alrededores del gran arbol —que era incluso más viejo que el ángel que lo cuidaba—, Le hacían preguntas al mismo y contemplaban también la balanza, maravilladas de su belleza, aunque en honor a la verdad, nunca necesitaron usarla para nada...

Se vivía tranquilo y se ayudaba a la humanidad.

En caso de querer una respuesta de esta milagrosa balanza, El consultor debía caminar cientos de kilómetros y pasar a través de terrenos difíciles y agotadores.
¡Era un peregrinaje que tomaba días!
Y muchas eran las vidas que se perdían para hacer sólo una pregunta...
Sin embargo, era un riesgo que muchos estuvieron dispuestos a tomar...

El ángel, aunque se vio envuelto en el trabajo, protegía a todo ser viviente dentro del bosque, y les tenía prohibido abandonar las fronteras del mismo.
Igualmente, era tanto más estricto con los humanos que lograran llegar.

¡Las reglas eran las reglas!

No permitiría que la avaricia de los hombres lastimara a sus criaturas.
Por eso mismo, su pulso era de hierro con cualquiera que quisiera pasárselas de listo.
Así, a la par de la leyenda de la balanza mágica, creció la leyenda del ángel que la custodiaba.

Todas estas, con muchos puntos en común: Uno de ellos Su increíble belleza; así como su poder. Sin embargo. El dato más destacable era su carácter implacable con la maldad; la cual erradicaba en cuestión de segundos y sin titubear.

Por ello, luego de tantas y tan malas experiencias el ángel era extremadamente enfático cuando del tema de salir del bosque se trataba; porque, al ser criaturas mágicas, los humanos los cazarían, les darían muerte y venderían sus cuerpos...

Corría la Edad media en la cronología humana. Los seres mitológicos estaban a la orden del día, y Beau lo sabía. Tenía que protegerse y proteger a los demás...

Se mantenía reacio a que cualquiera saliera del bosque. Incluso él mismo había seguido su regla y a todos les constaba que nadie había sido herido por los humanos...

De todos modos, a nadie le pasaba desapercibido que, cuando el ángel volvía sobre este tema, siempre parecía estar escondiendo algo...

El tiempo siguió transcurriendo; Dios estaba contento con el trabajo, La balanza seguía allí y el ángel la cuidaba con celo.

Además de cumplir la función de orbitar a humanos perdidos, A ese ángel ninguna mujer inteligente lo engañaría, Dios había tomado previsiones especiales para ello...

BeauWhere stories live. Discover now