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Capítulo 0: Antes del fin

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Eran aproximadamente las 4:51 a.m. Otra noche de insomnio. Solo esperaba que el sueño llegara en algún momento. Todo estaba en silencio.

Estaba sumergido en un cómic de Batman (El hijo de Batman, de Grant Morrison). Era uno de mis favoritos, de esos que uno podría leer mil veces. Como diría el Capitán América: "Podría hacer esto todo el día".

La tranquilidad era total... hasta que un estruendo sacudió la noche.

El impacto sonoro fue tan fuerte que literalmente me hizo saltar del asiento. Por pura curiosidad, me acerqué a la ventana. El cielo, por unos diez segundos, se iluminó completamente.

Abrí la puerta de mi pieza. Mis padres ya estaban despiertos. El ruido los había alertado. Salimos todos al patio.

A lo lejos se veía una columna de humo elevándose hacia el cielo. Pensamos que era un incendio. Pero el sonido... el sonido no tenía sentido. No era una explosión común.

Mi padre, intentando mantener la calma, nos ordenó regresar a nuestras piezas.

Dejé el cómic en el velador. Me acosté. Me dormí.

No por mucho tiempo.

Un ruido fuerte me despertó. El grito de mi madre. Miré el reloj: 5:15 a.m.

Me levanté de inmediato.

Mi padre estaba forcejeando con la puerta principal, tratando de cerrarla con todas sus fuerzas. Gritaba:

-¡Nivans!

Me quedé paralizado. Algo me decía que lo que estaba viendo no era real. Pero lo era.

-¡Lleva a tu hermana a la pieza, rápido! -gritó con urgencia.

Tomé a mi hermana en brazos. Estaba llorando desconsoladamente. La llevé a mi pieza. La abracé. Fuerte. No entendía qué estaba pasando. Solo sabía que tenía que protegerla.

Recordé a Ricardo. Él estaba ayudando a mi padre en la puerta. Mi madre gritaba una y otra vez, fuera de sí.

-¡¿Qué pasa?! ¡¿Por qué hace eso?! ¡No lo dejes entrar! ¡Ricardo, corre donde tu hermano!

Escuché a mi hermano suplicando:

-¡Tío, ¿qué le pasa?! ¡Tío, basta!

Mi padre seguía gritando:

-¡Solo sostén fuerte!

Los gritos se multiplicaban. La desesperación era total. Mi madre, llorando, suplicaba que se detuviera. Yo... yo no sabía qué hacer.

Tomé a mi hermana de la mano y salí lentamente de la habitación.

La puerta principal estaba abierta. Y mi familia... no estaba ahí.

Caminé hacia afuera, con mi hermana temblando a mi lado.

Vi a mi madre de rodillas, con una mordida en el brazo. Ricardo estaba detrás de ella, con la mirada perdida. Mi padre... estaba golpeando a alguien en el suelo. A mi tío. Con brutalidad. Sus propios brazos estaban cubiertos de heridas. Mordidas.

Entonces lo supe.

Mi padre se acercó.

-Nivans... tú sabes lo que es esto, ¿cierto? Sabes lo que pasa cuando una de esas cosas te muerde. Lo único que te pido es que cuides de tus hermanos.

Por un momento, no quise entender. Pero la mirada de mi padre. Las mordidas. La reacción de mi tío. No había duda.

Eran ellos.

Eran zombis.

Estaba tan impactado que solo pude responder:

-Sí, papá...

Mi madre abrazó a mi hermana. Me acerqué. Nos reunimos los cinco.

Y me quebré.

Lloré. Lloré con todo lo que tenía. Mi madre también. Mi padre, siempre fuerte, permanecía firme... pero sus ojos delataban el miedo y la tristeza. Ricardo... serio, sin una palabra. Pero yo sabía que por dentro estaba destrozado.

Éramos una familia. Y esa fue la última vez que estuvimos juntos.

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