Prólogo

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Dominic

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Dominic

Abrí los ojos despacio, sintiéndome algo cansado y confundido. No recordaba cómo había llegado a mi dormitorio la noche anterior. Me froté los ojos para espabilarme y fue entonces cuando me percaté de que una manta de color rosa chillón me cubría completito. Cientos de unicornios impresos en ella.

Yo no tenía una manta de ese color.

—¿Qué carajos?—susurré antes de que una almohada de flores gigante me golpeara en la cabeza.

Una chica rubia se encontraba justo frente a mí. Sus largas y esbeltas piernas estaban bronceadas con lo que sospeché que era autobronceador en spray. Vestía un adorable pijama de conejitos y su cabello estaba atado en un moño. Sus ojos eran pequeños y azules, muy azules.

—Hice café. Toma—dijo extendiendo una taza humeante hacia mí.

La tomé por puro instinto. Observé a mi alrededor y confirmé lo obvio, la manta no era mía. No me encontraba en mi dormitorio. Lo había vuelto a hacer, por tercera vez en la puta semana.

¿Puedes caer más bajo, Dominic? ¿Siquiera es eso posible?

—Soy Kennedy—habló la chica rubia.

Habría intentado ser cortés y fingir que recordaba su nombre, que la recordaba a ella. Tal vez hasta habría soltado alguna frase graciosa para aligerar el ambiente e irme de ahí con la frente en alto. Como un hombre lo suficientemente decente.

O al menos lo habría considerado si Kennedy no hubiera sido más rápida. Otra vez.

—Es evidente que no recuerdas el más mínimo detalle de nuestra gran noche juntos, así que déjame hacerlo más fácil para ti ¿okay?—esbozó una sonrisa falsa.

Sí, no era posible. Esto era lo más bajo que podía caer alguien.

—Iré a tomar una ducha. Solo asegúrate de cerrar cuando salgas.

La chica rubia me dio una palmada compasiva en el hombro y comenzó a caminar. Me puse de pie de inmediato, derramando un poco de café en la alfombra verde lima que cubría toda la habitación. Quise explicarle pero Kennedy volvió a adelantarse.

—Descuida, no tuvimos sexo. Me hablaste cinco horas seguidas de tu ex novia y supe exactamente la clase de chico que eras. Solo te dejé dormir aquí porque estaba demasiado cansada para echarte.

Dios mío ¿por qué sigo existiendo?

—Lo siento muchísimo—murmuré, tratando de que mi rostro no demostrara lo avergonzado que me sentía.

—Yo igual. Ahora, por favor vete—dijo Kennedy saliendo de la habitación.

—Eres muy guapa. No es tu culpa—alcé la voz esperando que lograra escucharme.

Tomé mi mochila, la cual estaba recostada en una esquina del piso junto a una foto polaroid de mi ex novia que siempre cargaba en mi cartera y una caja de pañuelos. La caja no era mía. Ahogué un grito de frustración.

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⏰ Última actualización: Sep 09 ⏰

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