Kristoff se ve envuelto en una saga de conflictos tras ser atrapado por unos piratas que utilizan sus servicios medicinales, manteniendole preso en una tripulación que esta condenada. Pero gracias a ese viaje no deseado, conocerá a la más bella de t...
Kristoff se encontraba en la cubierta, junto al capitán. El rubio simplemente estaba exasperado por la actitud de Richard Blake, el capitán del barco. La misión de Kristoff en aquel navío era clara, cura a los enfermos o muere. Los grandes conocimientos curativos de Bjorgman habían hecho que formara parte de aquella conocida tripulación. Se les conocía como la tripulación fantasma, pues habían gran cantidad de historias sobre aquellos tripulantes. Los describían como asesinos sanguinarios, saqueadores y otro de los apodos impuestos y popularizado entre la multitud era ; Los hijos de la muerte. Kristoff estaba allí contra su voluntad, el era marinero, no pirata. Aún así decidió utilizar el interés del capitán sobre él con maestría y logró continuar vivo.
El nuevo objetivo del navío era atrapar a una sirena. Aquel que demostrará su existencia frente al gobernador de Inglaterra, no sólo obtendría una gran recompensa en oro, si no que también sería indultado de sus crímenes, fueran cuales fueran. Esto era lo que más atraía al capitán y a ello se suma quedar en la historia, ser siempre recordado como El Pirata Richard Blake, el descubridor de las sirenas.
Las aguas donde afirmaban haber visto sirenas, era el mar Muraty, llamado así porque allí se encontraban los llamados Arcos Muraty, ningún navío había ido allí y había vuelto para contarlo. Sólo había un pirata llamado Owen Quinn, que decía haber estado allí. Su relato estaba plagado de sufrimiento y muerte.
El verde esmeralda del mar se hacía más intenso y eso indicaba que ya estaban en aguas Muraty, aunque aún se encontraban lejos de los arcos. El silencio entre la tripulación se hizo notable y el capitán extendió un viejo mapa, para dar órdenes claras sobre que dirección tomar. Así tomaron rumbo a los Arcos Muraty. La intensidad de las emociones de los hombres de Blake se iba aminorando, cuando después de tres días navengando en aquellas aguas, solo se toparon con un mar en inmensa calma y ni rastro de ninguna criatura extraordinaria. El aburrimiento hacía mella en todos ellos.
- Echar el ancla. - Dio la orden el segundo de abordo para pescar. Después de recoger las redes y de comer, la marcha volvía a reanudarse.
- ¡Recoger el ancla! - Cuando el ancla salió del agua toda la tripulación quedó asombrada. Su cola estaba atravesada por unos de los picos del ancla y sangraba. Era la criatura más hermosa que jamás habían visto aquellos marineros, delicada, fina, dotada de una belleza indescriptible. Una sirena. Estaba atrapada y con desesperación el capitán ordenó capturarla, echaron sobre ellas una de las redes y la hermosa criatura comenzó a retorcerse desgarrando su cola aún más y dando alaridos por el dolor.
- ¡Basta! - Un grito de Kristoff hizo que los hombres pararan de tirar de la red.
- ¿Quién te crees que eres tú para dar órdenes? - Dijo el capitán ofendido.
- ¿Quieres capturarla muerta? De poco te servirá. - Dijo Kristoff mirando al capitán, la sirena se quedó quieta observando a Kristoff. Sentía un gran dolor en su cola y dos lágrimas se deslizaron por su angelical rostro.
- ¿Cómo esperáis cogerla entonces? - Preguntó el capitán jocoso.
- Podríais pobrar por no asustarla. - Kristoff apartó a los hombres a su paso y quitó la red que cubría a la hermosa sirena. Ella lo miró con temor en su mirada, Kristoff enseño sus manos levantandolas al aire, en señal de paz.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
- No voy hacerte daño, ves esto. - Mostró en una de sus mano un pequeño tarro, que sujetaba con dos de sus dedos. - Es medicina, voy a ponerla en tu herida, te aliviará. Pero si te mueves solo conseguirás destrozar tu cola. - En silencio y mirándola a los ojos se acercó a ella con suavidad, subiendo también al ancla, que se encontraba más arriba de lo normal. La criatura permaneció quieta y Kristoff sacó su cola ensartada por el metal, para que no cayera al agua la sujetado entre sus brazos. El fornido brazo de Kristoff se marcaban muchísimos, debido a que todo el peso de la criatura se encontraba sobre uno de sus brazos, mientras con su mano libre le ponía el engüento sobre la herida que sangraba. El resto de la tripulación observaban a Kristoff boquiabiertos, en una situación de suma calma, mientras Richard Blake sonreía satisfecho por el hallazgo.
- ¿Cómo te llamas? - Preguntó Kristoff en un tono que nadie pudo escuchar y debido a que se encontraba de espalda nadie pudo verlo. La criatura lo miró a los ojos, sin responder. Y aún poniendo la loción curativa sobre ella, Kristoff quedo hipnotiza por el verde intenso de los ojos de la hermosa criatura. El rubio sonrió con dulzura.
- No voy hacerte daño, mi nombre es Kristoff Bjorgman. - Esta afirmación volvió a ser un susurro que la tripulación no pudo percartar, segundos antes de que la soltará, impulsandola hacía el agua.
- ¿¡Qué hacés!? - Gritó el capitán estallando en cólera.
- Se me escapo. - Dijo Kristoff con fingida preocupación y volvió a la cubierta del barco con los demás.
- No juegues conmigo Bjorgman, nadie aquí es imprescindible. - Dijo el capitán con las venas de su frente hinchadas y su rostro rojo.