Hay... Bella, Bella... siempre en las nubes pensando en sus libros de aventura y romance.
Era una de las muy pocas personas de su humilde pueblo que sabía leer. Ella era la belleza humanizada, piel de porcelana, ojos verdes como Esmeraldas, labios de un tamaño ideal de color rosado, larga melena castaña y siempre con esa fragancia de vainilla que tanto la caracterizaba.
Todos los hombres no-casados tenían ojos para ella, y bueno... algún casado también. ¿Pero como culparles? Bella tiene la sonrisa más hermosa y sincera de todo el planeta, su amabilidad ya de por sí enamoraba a cientos.
Pero ella no tenía interés en hombres. Ella solo quería leer y viajar, explorar el mundo, vivir aventuras, conocer sitios nuevos...
Era demasiado intranquila, no podía estarse quieta por un minuto, si no estaba leyendo, estaba limpiando, paseando por el pueblo, galopando a su caballo por El Valle cercano al pueblo o ayudando a su padre, Henry.
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Un día, mientras Bella Montaba en su caballo, alguien llamó a la puerta de su casa.
Su padre, fue a abrir y se encontró con un hombre elegantemente vestido con una carta en la mano
-Usted será el padre de Bella me imagino - dijo el hombre
-Si. ¿Quien es usted? -preguntó el padre de Bella
-Soy el mensajero real. Traigo una carta con la palabra del Rey Edward - explicó el hombre entregándole la carta a Henry. Era de color blanco con letras doradas y el sello de la casa real.
-¿El Rey Edward? ¿Y que quiere de mi hija el Rey Edward? -preguntó el de nuevo, mirando la carta
-El Rey nada señor, es a petición del Príncipe Hayden, quiere tomar a su hija como su futura esposa.
-¿¡Qué!? ¿A mi Bella?
-Yo me debo ir ya, su majestad el rey me espera, en la carta viene todo muy bien explicado, buenas tardes. -dicho eso, el mensajero se fue.
El padre de Bella se quedó sorprendido y triste, su hija solo tenía 17 años, ¿como iba a casarse con nadie? Además Bella no se lo tomaría nada bien. Ella es un alma libre, no puedes mantenerla encerrada en un castillo.
Poco después de lo sucedido, llegó Bella iluminando la casa con su sonrisa.
-Ya he vuelto padre- saludó ella
-Ah... Bella cariño, ven siéntate, tengo que hablar contigo sobre algo importante -dijo su padre serio
Al oír esas palabras, la sonrisa de Bella se esfumó y una cara de preocupación apareció en reemplazo.
-¿Ha pasado algo malo? -preguntó preocupada mientras se sentaba al lado de su padre
-Yo no diría malo... pero no te va a gustar.
-¿Y que es?
-Lee esto -dijo él , entregándole la carta.
Ella miró a su padre y luego la carta, extendió su mano para cogerla, la abrió y empezó leerla en voz alta:
Como ya sabréis, mi hijo
Hayden todavía no está casado y
yo sinceramente cada día voy a peor.
Por esta razón, quiero que mi hijo se case
con una bella dama .
para así, antes de mi muerte, estar
tranquilo de saber que mi hijo tendrá
una esposa y un heredero.
Siento avisarles tan de repente pero
Bella no era mi opción, yo tenía planeado
casar a mi hijo con una mujer de la
realeza, pero el insistió en que tenía que ser
Bella.
Les espero mañana en mi palacio a medio
día.
Atentamente: Rey Edward
Bella al leer estos párrafos, se quedó en silencio mirando la carta, no podía asimilar estas palabras. ¿Se tenía que casar con un verdadero principe?
