Si alguien nos dijera ahora que salvaríamos nuestras vidas tan solo con olvidarnos del coche para siempre, iríamos corriendo al desgüace más cercano. Un coche... ¿quién quiere un coche ahora, cuando lo que te falta es el aire? Visto en perspectiva, parece bastante absurdo aferrarnos a un trozo de chatarra. ¿Cómo no nos dimos cuenta? Quizás sí nos dimos cuenta, pero estábamos demasiado ocupados en acumular cosas que no necesitábamos para llenar vacíos existenciales. O pensábamos que alguien vendría y lo arreglaría por nosotros. Estábamos demasiado ensimismados admirando nuestras vidas prefabricadas sin sentido como para estirar el cuello y aceptar nuestras responsabilidades.
Un coche... ¡qué estupidez! Y quien dice un coche, dice tener diez vaqueros todos azules en un armario y cambiarlos cada año porque ya "no se llevan". O la obsesión de viajar a miles de kilómetros de distancia para estar tumbados en la arena durante una semana. Y volver a tu casa para seguir en esa rutina de consumo absurdo alocado que, lejos de traer la felicidad, nos volvía cada vez más miserables... y nos mataba, literalmente.
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Todo lo que perdimos
Science FictionCuando un ser humano pierde todo lo que tiene, vuelve sus ojos a lo esencial. Cuando es el mundo entero quien destruye sus fuentes primarias de subsistencia, llega la barbarie. El Planeta Tierra ha comenzado su cuenta atrás. Gaia ya no quiere perdon...
