Bifronte

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Las montañas habían sido iluminadas por un infinito sol estancado como una posa en medio del horizonte. Las aves parecían planear pero no se movían y el mar era un dibujo al óleo. Las hojas de los árboles flotaban por el aire sin moverse y adornaban los paisajes con vívidos colores: <<Parecen estallar, como fuegos artificiales>>, pensaba Brann mientras estaba sentado bajo la sombra de un sauce enorme llamado Annwfn. Brann había leído en algún libro que aquel nombre significaba "El otro mundo".

Durante años, tal vez décadas, ¡Tal vez milenios! El jovencillo de melena larga y ondulada que caía como serpentinas sobre sus caídos y flacuchentos hombros miraba a través de sus ojos, claros como el cielo de aquel lugar, a la gente estática en las calles. Había caminado por lugares cuyas construcciones desafiaban a las montañas colosales, lugares llenos de luces alógenas y calles frías. Había recorrido riberas quietas como pinturas y había visto cascadas suspendidas a manera de fotografía. Brann siempre recordaba aquel día en que la gente dejó de moverse.

Por la televisión mostraban la guerra que se libraba en todas partes del mundo, había enormes máquinas que parecían elefantes de metal de patas alargadas hasta el cielo que lanzaban huevos por la barriga y hacían estallar ciudades completas en una humareda que despedía chispas de color como la pirotecnia.

Las personas morían como moscas. Ningún bando ganaba pero los reporteros se esmeraban diciendo: <<Son muchas las pérdidas, pero la victoria se avecina a pasos agigantados, señoras y señores...>>.

Las imágenes de llantos y muertes aparecían y desaparecían rápidas cual rayo detrás del vidrio desde el que hablaban los reporteros. Entonces Brann sintió como su corazón se hinchaba y se deshinchaba y las venas se agrandaban serpenteando sobre su cuerpo, y los párpados se apretaban y las manos se apretaban y los relojes se detuvieron. ¿Cómo saber entonces si eran años, décadas o milenios?, quizá había caminado por todo el mundo durante segundos.

Brann había detenido el tiempo unas cuantas veces antes, pero solo por unos instantes (él lo veía como instantes, aunque sabía que un instante con el tiempo detenido era imposible).

Lo detuvo aquella vez que John, el chico gordo como una bola de estambre, y desordenado como una, le iba a golpear el rostro con un puño que viajaba a la velocidad de la luz y tal vez el desastre que dejaría en Brann iba a equipararse con el que provocaban los elefantes de metal, entonces Brann sintió como su corazón zurró potente como un ariete en contra de las puertas de un castillo y escuchó el último tac que dio el reloj más cercano. Y ahí quedó John, parado como un idiota y con el puño tan apretado que los nudillos estaban blancos. Brann no hizo más que caminar lejos y el tiempo volvió a correr. John estrelló el puño contra la muralla y estuvo con un yeso durante semanas. Detuvo el tiempo durante su primer beso, con Lana, fue inevitable y sonrió cuando vio la cara de Lana, con los labios en forma de trompa frente suyo. Pero la vez que se le hizo más duradera fue la muerte de su padre, allí el tiempo se detuvo por lo menos una semana. Sin tiempo es difícil descifrarlo.

Pero nunca supo cómo funcionaba aquel poder, sólo pasaba a veces y como el tiempose detenía... el tiempo volvía a andar. Eso no pasó la última vez que lo detuvo. Parecíaque los relojes se iban a quedar quietos para siempre junto con el sol y las cascadas y las riberas.

Brann se percató de que el tiempo no pasaba por él tampoco, sin embargo, podíamoverse libremente por el mundo. No sentía hambre, ni sed, ni ganas de dormir. Tampoco se cansaba y si caía no había heridas. Algunas ocasiones cerraba los ojos y pretendía soñar, sobre todo cuando atravesó Norte América que estaba en el lado oscuro de la tierra. Se dedicaba a leer, había acabado más de veinte bibliotecas a lo largo de las ciudades que había recorrido. Le gustaba sentarse frente a las bombas que habían estallado y las contemplaba largo y tendido durante un...Sólo durante.

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