CAPÍTULO 0

37 1 0
                                        

—¡Pss...! ¿Estás lista?
—¡Me asustaste! ¿Qué haces escondido en ese arbusto?
—Quería darte una sorpresa.
—¡Sí me la diste!
—Vamos, quiero mostrarte algo...
—¡Espera, no corras tan rápido! Me maltratas la muñeca. ¡Sueltame, por favor!
—Lo siento, yo no quería...
—No importa, se me pasará luego. Ahora dime, ¿Qué vas a mostrarme?
—¡Ah, sí! Espera, primero debes cerrar los ojos... Ahora sí, vamos.
—¿A donde me llevas?
—Ya lo verás.
—¿Falta mucho?
—No, abrelos ya.
—Este lugar... Es hermoso.
—¿Verdad que sí? «¡Bien! Creo que le ha gustado el lugar, pero ¿Debo decirle ahora lo que siento



—Gracias por acompañarme de regreso a casa.
—No fue nada, era lo mínimo que podía hacer después de lastimarte la muñeca.
—Está bien, te veré mañana.
—¡Espera!
—¿Qué pasa, te sientes mal?
—No, es solo que quiero decirte algo.
—Dime ¿Qué pasa?
—Tu... «Ya no aguanto más, ¡Tengo que decirle ahorame gustas...
—Kenny, no... No digas esas cosas.
—Eso es lo que siento.
—Sí, pero no está bien.
—¿Por qué?
—Sabes que estoy comprometida; no quisiera que te sientas mal, solo quiero que entiendas que...  Espera, ¿A dónde vas? ¡No corras, esperame!



—La gente del pueblo lleva dos días Buscándote.
—¿Cómo me encontraste?
—Hemos sido amigos desde que eramos niños, te conozco muy bien tontito. Sé que si me trajiste a este lugar significa que es importante para ti.
—Aquí es donde vengo cuando me siento triste o enojado, este lugar me hace sentir mejor.
—Lo siento, no quería hacer que te sintieras mal.
—No te preocupes, sé que estás comprometida pero aun así, guardaba una pequeña esperanza de que tal vez me aceptaras. ¡Tch! Como si eso fuera a pas... ¿Me... Besaste?
—Tú también me gustas.
—Entónces, ¿Por qué nunca pudimos estar juntos?
—¡Sí, claro! Como si eso fuera posible.
—¿Por qué no?
—¡Es que no lo entiendes!
—Tranquilizate, no llores.
—¿Crees que mi padre, el gitano más poderoso del pueblo, va a desposar a su hija con un hechicero?
—Aprendiz.
—¡No importa lo que seas! ¿Sabes que pasará si alguien descubre que prácticas magia?
—¿Crees que me preocupa?
—¡A mi sí! No quiero que te pase nada.
—Eso lo dices ahora, pero cuando te cases vas a formar una familia, tendrás hijos y te olvidarás de mi. Entonces, ¿Crees que me preocupa que me pase algo? Si no podemos estar juntos en esta vida, moriré por ti, podré renacer en una nueva vida, te buscaré y entonces viviremos nuestras vidas juntos.
—Tú... ¿Lo harías?
—¿Sientes mi pecho? Cada latido será para ti por siempre...



—Quién es?
—¡Soy yo, abre la puerta, rápido!
—¿Qué sucede, por qué estas llorando?
—¡Alguien...! Alguien se ha enterado que estamos saliendo desde hace tiempo, también corre el rumor que practicas magia así que fueron a decirle a mi padre. Él me absolvió de toda culpa pero ahora todo el pueblo se dirige hacia aquí por ti. ¡Rápido, debes huir!
—¡Es demasiado tarde, ya están aquí!
—¡Vete! ¿Acaso no tienes miedo?
—Si tengo, pero...
—¡Pero nada!
—De acuerdo, pero primero...
—¿Qué estas bebiendo?
—Bebe tú la otra mitad.
—¿Qué es?
—Es una promesa... ¡Bebelo ya!
—Por favor, huye...
—Mirame... Lili mirame, por favor no llores. Mirame... Quiero que nunca olvides esto; yo soy para ti, siempre lo voy a ser...
—Yo también seré para ti por siempre...
Me dio un último beso entre lágrimas; salí fuera de la casa, me arrodillé en el suelo y extendí mis brazos en señal de rendición mientras la multitud me rodeaba, sentí un fuerte golpe en la cabeza y a lo lejos, un grito de desespero, de auxilio e impotencia. En lo siguiente que recuerdo, me encontraba arrodillado sobre una plancha de madera como a dos metros de altura, tenía las manos atadas a mi espalda y la cabeza entre el agujero de una gruesa tabla de madera que encajaba perfecta con mi cuello; sobre mi, como a tres metros una pesada y filosa hoja de acero lista para caer. La multitud en frente de mi miraba con asco y desprecio la escena; a lo lejos estaba ella, sentada al lado de su padre observando impotente lo que sucedía. Por un momento cruzamos miradas, sus ojos se llenaron de lágrimas al igual que los mios.
Un hombre vestido con traje subió donde me encontraba, sacó un pliego de papel y dictó la sentencia...
—¿Cuáles son tus ultimas palabras, joven?
—Te encontraré, lo prometo...
Sonreí un poco, la escuché gritar y sentí un fuerte dolor en la nuca, todo casi al mismo tiempo...

ALICEDonde viven las historias. Descúbrelo ahora