Capítulo uno: "Muerte digna"

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Acora Whitelock

Capítulo uno.

   La arrastraron hasta aquella sala. Sus gritos y golpes no habían sido suficientes para derribar a los dos guardias que la escoltaban hasta su destino.

El lugar donde sabría su destino.

Cruzó las puertas de madera tallada y los vio. Dentro de paredes color crema y pisos de madera, decenas de personas como ella, hombres y mujeres de dieciséis años estaban sentados en filas de asientos. Uno al lado del otro, sin discriminacion de género, color de piel o rostro. Lo único que compartían visiblemente era la expresión de terror, angustia y miedo en una mezcla extraña que vestía sus ojos. Algunos disfrazaban su rostro de fortaleza, pero nada podía ocultar el dolor de sus miradas. Todos tenían un guardia personal, uno que estaba parado a sus espaldas o a sus costados con un arma en la mano, la amenaza en sus ojos decía que no dudarían en jalar el gatillo al primer intento de mal comportamiento. Con sus trajes negros que cubrían el cuello, muñecas y tobillos, más los guantes y las botas, parecían sombras con vida. Ellos también variaban en género, mujeres y hombres de distintas edades que, como los adolescentes a los que vigilaban, solo compartían la mirada en sus ojos: impasibilidad, dureza e impaciencia.

Ella no podía soportar su propio dolor que, reflejado en las caras de toda la gente allí, parecía aumentar su peso increíblemente y empañaba sus ojos con lagrimas.

Aún así, no planeaba rendirse.

Siguió gritando y llamando la atención de todos los presentes. Sabía que por más que allí hubieran cientos de guardias, ninguno la apuntaría por precaución de que su objetivo lo aprovechara y se volviera contra él.

Pero Aco también tenía su propio guardia asignado.

-Si no te callas...-susurró la voz a su izquierda. Su guardia, su carcelero, la persona que la haría sufrir mientras estuviera viva.- te sacaré de aquí y jamás tendrás la oportunidad de ser elegida.

Ser elegida. Aquello por lo que las decenas de rostros de allí matarían o se venderían.

Cada año luego de Navidad y antes de Año nuevo, el Superior elegía a 10 de sus "juguetes" o "muñecos de prueba" que habían cumplido los dieciséis para llevárselos y darles la oportunidad de ascender. Los entrevistaba y etiquetaba de acuerdo a su gusto hablando con ellos durante un minuto en el que se precipitaban a decir sus cualidades y por qué debería elegirlos a ellos de entre toda una masa de gente mejor o igual. Es lo mas cerca que llegarían a estar de alguien superior si es que no los elegían, porque la oportunidad era única y lo que le seguía a ser rechazado era la cruda tortura.

No había nada bueno para los rechazados más que la muerte, pero también los privaban de ella.

Ella sabía que no la elegirían, no se hacía ilusiones. No la elegirían por ser la más hermosa, había visto a mujeres mucho más hermosas al entrar, y tampoco por su inteligencia, habían pocos libros en su casa y sus conocimientos llegaban al promedio. Estaba segura de que no la elegirían, por lo tanto no destruiría su dignidad por un caso insalvable.

Tampoco quería ser elegida en realidad. Su vida se reduciría a obedecer órdenes por más de veinticinco años antes de lograr obtener aunque sea un poco de libertad, según los rumores que corrían en los pasillos.

-¿Crees que me interesa?-le preguntó en un áspero susurro al guardia. Sus ojos, dos llamas ardiendo en furia.- ¿Crees que me importa un poco de teatro?

Él agarró fuertemente sus brazos tras su espalda inmovilizándola. Hizo una señal a los otros dos guardias que lo acompañaban para que se fueran. Se acercó al oído de la chica.

Acora WhitelockWhere stories live. Discover now