Dos.

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Un día llegué a quererte demasiado, a quererte tanto que sentía como si las espinas de un cactus se me hubiesen clavado en lo más profundo de mi corazón, llegué a mirar cada una de tus fotos mil y una veces sin cansarme con el simple fin de poder ver tu cara, llegué a romper con todo, querer dejar atrás completamente cada rasgo y cada maldita característica que formaba mi personalidad, llegué a quererte tanto que a la hora de perderte sentí un vacío enorme y rompí a llorar como un bebé recién nacido, como cuando ya llegas a tú umbral de máximo dolor, llegué a no conocerme, a no saber quién era, a sentirme totalmente perdida, sin rumbo alguno, llegué a aislarme, a no querer saber absolutamente nada de nadie y mucho menos que nadie supiese nada de mi, llegué a estar mes tras mes escondida bajo una estúpida y falsa sonrisa que lo único que hacía era crearme aún más y más confusión, dolor y desesperanza...
Y es que, eras como una hermosa rosa negra en medio de un jardín, llamabas la atención por tu singularidad pero cuando te acercabas, me clavabas todas y cada una de las espinas que cubrían tu tallo.

Tormentas, alas rotas, pensamientos nocturnos.Stories to obsess over. Discover now