Abril

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Me llamo Abril, o Avy, vivo en un chalet "de los grandes" en Alicante (España). Me encanta la música y el amor. Mis padres están separados, es un poco pesadilla pero llevo muchos años con ello, asi que para mí ya es algo normal.
Mi madre es una rica empresaria que vive en un lujoso ático de Madrid, pero como siempre está viajando el juez le dio la custodia a mi padre.
Y en fin, mi padre es un veterinario muy " prestigioso" que hace tres años que no toca un animal, y solo se dedica a ir a fiestas, a ir a entregas de premios y a irse hasta no se donde a firmar su super libro.
Vivo con el, mi perro Rocky y la única persona que de verdad vive en esa casa, el mayordomo. Ya, ¿como es que esta el mayordomo en nuestra casa más tiempo que nosotros?, Pues, como ya os he dicho mi padre se va cada dos por tres, y yo aprovecho y me voy por ahí, duermo en casa de alguien y al día siguiente voy a clase, así que si, el mayordomo está solo todo el día viendo la tele, hasta que llegamos.
Nuestra casa está frente al mar y tiene unas vistas espectaculares. Es muy agradable poder darte un baño cuando quieras.
Tengo quince años , y voy a tercero de ESO. Allí tengo un par de amigas (literalmente) llamadas Shoppy e Itint, ya se que son raros, pero es lo que hay. Aunque en realidad sólo paso el recreo con ellas paseando por un gran laberinto que hay en nuestro instituto. Nos la pasamos hablando de sus novios y de sus problemas, y yo no suelo contar mucho de mi.
Afortunadamente mis verdaderos amigos no están allí.
Mi instituto es privado, ya que aunque mi madre está siempre en otro lugar, se aseguró de enviarme al sitio más caro que pudo encontrar.
Alish, Zoe, Marlene, Álex, Matteo(Mat), Kesha y Kile, ellos son mis verdaderos amigos.
Íbamos juntos al colegio, y vivíamos en la misma urbanización, y aunque mi padre decidió mudarse, mi casa está a dos minutos andando de la suya.
Todas las tardes quedamos a la misma hora, a las seis y media, asi nos da tiempo a hacer los deberes y estudiar antes de salir. Quedamos en una cafetería que hay al lado del centro comercial donde trabaja la madre de Alish.
La cafetería es preciosa y muy acogedora. Siempre huele a vainilla y a canela. La chica que atiende la caja es super agradable, siempre se confunde con nuestros nombres, pero siempre nos atiende con una gran sonrisa en los labios, y es de confianza.
Soy rubia y tengo los ojos azules, mido unos ciento sesenta centímetros y mi comida favorita es el pastel de carne.
No tengo novio, ni me gusta nadie, el único que me gusta es "Cuarto" de Divergente. Pero en primero tuve uno, pero a los tres meses lo dejamos "mutuamente" *susurro* - fui yo!!!!!!!!!!! En todo ese tiempo solamente nos dimos un beso (mi primero por cierto).

Estaba en mi cama medio adormilada, cuando oí unos ruidos extraños procedentes de fuera de mi cuarto, por lo que salí de las sabanas, y salí hacia el exterior, pero al ver que venían de la habitación de mi padre, rápidamente me di la vuelta, y volví a entrar en mi guarida.
A ver, os lo explico, mi padre no superó muy bien lo de la ruptura, llevaban ocho años casados y quince de novios, y ahora que han pasado diez años desde que se separaron, está "conociendo a gente nueva" y no suele tardar mucho en meter a una completa desconocida en su cama, por lo tanto, preferí ahorrarme ver a mi padre... En un momento peliagudo.
Antes de dormirme observé mi habitación una vez más, me la sabía de memoria, pero aún así la analice y la dibujé en mi mente. Sí entrabas en mi habitación, la puerta, estaba llena de frases positivas, ya que todos las necesitamos alguna vez. La puerta era doble y blanca, y mi cuarto rectangular y turquesa. Mi cama estaba frente a la puerta en todo el medio y tenía sábanas blancas con mariposas de colores. Al lado de la puerta había un gran armario blanco con los millones de vestidos para las fiestas de mi padre, y al otro lado, uno más pequeño con todas las cosas para las clases. Había desde libros y cuadernos hasta todas las combinaciones de nuestro horrible uniforme. A las chicas solo nos daban a elegir entre una falda a cuadros verde y un peto-vestido con una blusa blanca para verano, y para invierno un chaquetón azul marino y medias blancas. Para gimnasia al menos nos dejaban ponernos pantalones, y para natación un bañador idéntico al igual que el gorro y las gafas. !¡Horrible!¡
La ropa que contenían estos dos armarios era la que más odiaba, la que de verdad me gustaba era la que estaba en las estanterías al lado de mi cama. Ahí ponía vaqueros (los cortos me apasionan) , mayas y camisas, que usaba para salir por la tarde. Me encantaban porque eran fáciles de combinar, cómodos, pero sobre todo porque nadie me obligaba a ponermela, al contrario de el resto de ropa. Entre el armario de los vestidos y las estanterías había un espejo inmenso que ocupaba prácticamente toda la pared excepto por un pequeño trozo que ocupaba una mesita que enfrente tenía otro espejo redondo más pequeño. En esa mesa una chica que contrataba mi padre me maquillaba todas las mañanas.
Al otro lado de la cama está mi mesita de noche, dónde como no, está el libro que me estoy leyendo, una lampara, mi móvil, el cargador, y un vaso de agua. A su lado hay un calzador con mis mil millones de zapatos, yo sinceramente, no se para que necesito tantos, pero en fin, mi padre dice que tengo que tener un par de zapatos por cada vestido, por lo que tengo unos treinta tacones u manoletinas diferentes, mis zapatos del uniforme, y mis únicos zapatos cómodos, mis Converse. Por mí viviría solo con ellas.
Y la última pared entre el armario del uniforme y el calzador tenía mi gran espacio de diversión divido en dos partes. Una era una mini biblioteca dónde tenía todos los libros que podía desear ordenados por orden alfabético (obra mía), y en frente un pequeño sillón donde leía. Y la otra mitad estaba dedicada a la música y a los videojuegos, tenía una pantalla plana enorme y mi PS4. Y al lado una estantería con todos mis videojuegos y los de roll.
Ah y por cierto a los pies de mi cama hay una mesa pequeña donde hago los deberes y estudio.
Tenía millones de cosas en mi habitación, yo sinceramente me sentía mala persona sabiendo que yo tenía tanto y que otras no tenían ni un sitio dónde refugiarse bajo la lluvia.
Justo antes de dormirme recordé algo, mañana no era un día normal, al día siguiente iba a ser un día especial.

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