Aire

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Mientras andaba por el pasillo, ese olor nauseabundo seguía atormentando su pituitaria. Pareciera que la atmósfera estuviese cargada de millones de partículas armadas con lanzas que perforaban todos los puntos de su ser, invitándole a huir de la manera más rapida: lanzarse por la ventana más cercana.

Era como si el conducto de ventilación estuviera atascado por algo pesado y hediondo. Algo así como la muerte.

Alzando la vista, pudo observar que una salida de aire estaba arrancada de tres de sus tornillos y colgaba del único que mantenía todo el peso.

Es una auténtica locura, pero debo subir ahí si quiero averiguar de donde procede ese olor.

Ni el paño tapando sus fosas nasales pudo ayudarle a disminuir la intensidad del olor. Enfocando su vista a través del oscuro conducto, se armó de valor para inspeccionarlo siguiendo su recorrido. Era un auténtico suicidio avanzar hacia el origen de ese mal; aún así, pudo seguir hasta toparse con algo punzante.

Son unos tacones de aguja. Recuerdo a una gorda señora durante la cena. No dejaba de comer todo cuanto se le ponía por delante. Ese sonido encasquillado me hace pensar que ha sido introducida en las aspas del generador. Será mejor que me vaya de aquí o me desmayaré del todo.

Cuando hubo llegado a una intersección del conducto, ese gorgoteo ensordecedor de antes recorrió todos los conductos de ventilación en los que se encontraba. La bestia había vuelto, estaba muy cerca de él, y se estaba acercando.

Debajo suya había una rejilla que comunicaba a la cocina. Era la salida más rápida. Sólo tocaba rezar porque fuera fácil de derribar.

Era su día de suerte. Por ahora. Cayó.

DesangradoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora