Capítulo 1

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  La muchacha volteó para observar una última vez las calles de su pueblo. Algunos ciudadanos estaban ahí por simple curiosidad o para despedirla, pero la mayoría se concentraba en sus tareas.

-No te preocupes - llamó su hermana- va a ser un viaje corto, no vamos a tener tiempo para notar tu ausencia.

  Sabía que ella tenía razón, pero por más corto que sea el viaje, ella no iba a dejar de extrañar su hogar. Incluso iba a extrañar al prometido de su hermana. Pero se mostró fuerte y no dejó que se le notara.

-Es hora de embarcar - dijo enderezando su espalda.

-Dios, al diablo lo que acabo de decir, te voy a extrañar horrores.

  Un segundo después la estaba abrazando, pero no se puso rígida como lo haría en el pasado, sino que se lo devolvió.

-También te voy a extrañar, Anna - admitió.

  Su hermana pequeña la soltó y le dirigió una enorme sonrisa, demostrando lo orgullosa que estaba por ella.

-Anda, no te robo más tiempo.

  Con un último y cariñoso apretón de manos, y una mirada hacia Kristoff, la reina de Arendelle caminó sobre la pasarela de madera para comenzar el viaje que la llevaría a un reino vecino, donde sus monarcas la esperaban para pedirle ayuda. La carta había llegado un mes atrás y estaba escrita por la reina de Overland, llena de desesperación y esperanza, lo que dejaba un gusto raro al terminarla. Por lo que escribía, sus hijos habían tenido un problema muy similar al que ella y Anna tuvieron cuando eran pequeñas, y los reyes esperaban que supiera como ayudarlos. Al principio no quiso ir, ya que ella era reina hace solo un año y muchas cosas debían hacerse, pero entonces le contó a Anna y ella la obligó a escribir una respuesta positiva a los reyes. Literalmente, se sentaron juntas mientras su hermana menor le dictaba.

-¡Elsa!- el grito de su hermana la hizo girarse. Anna caminaba a la par del barco, que ya estaba en movimiento -¡Ayúdalos! ¡Escríbeme todos los días! ¡Diviértete por favor, no seas gruñona!

-¡Anna!

  No podía estar más indignada, ¡ella no era gruñona! Le entraron ganas de responderle, pero ya estaban muy lejos, y el enojo se le fue casi al instante. Anna agitaba su brazo con mucha energía, y seguro gritaba algo más, pero no la podía escuchar.

  La iba a extrañar muchísimo.

  Dos días después, muy aburridos por cierto, el capitán anunciaba tierra a la vista.

  Cansada de tanta agua rodeándola, Elsa se asomó por el borde de la cubierta, y efectivamente pudo observar montañas a lo lejos.

-¿Cuánto falta? -preguntó como una niña pequeña, incapaz de ocultar su impaciencia.

-Menos de un cuarto de hora, su majestad

  Un cuarto de hora, catorce minutos que sin duda fueron los más lentos.

  Cuando estaban llegando se acercó Jemima, su doncella, con un grueso tapado en sus manos.

-Señora, tal vez quiera ponerse esto, la temperatura está bajando bastante.

  Jemima tenía puesta su propia capa y al hablar vaho salió de su boca. Si no la hubiera visto, Elsa no se hubiera dado cuenta que hacía frío. Estuvo a punto de rechazar la oferta, pero se dio cuenta que sería raro verla sin nada que le de calor, por más que no lo necesitara.

-Sí, muchas gracias.

  La joven la ayudó a ponérselo y se colocó detrás suyo. Mientras bajaba la pasarela, notó que solo había un carruaje y guardias montados a caballo. Razonó que los reyes no querían que su pueblo supiera que ella estaba ahí.

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⏰ Last updated: May 31, 2017 ⏰

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Saving JackWhere stories live. Discover now