Vibran los sentidos al son del viento.
Desaparece todo rastro de realidad
y se esconde, en silencio,
un alma solitaria y herida
que teme ser destruida por la brisa.
Vibran los vientos,
y se asustan los sentidos.
Como un remolino de sensaciones,
que colapsan y estallan
y se enfrascan en su propio ser,
implotando y explotando a la vez.
Como una dualidad completa
y constantemente eterna.
Se desata entonces
la furia de la tormenta
dentro de un tubo de pruebas.
Es infinito caos,
y entonces somos,
aunque no queramos,
el principio del fin
en nuestros párpados.
Como un suspiro,
o un relámpago.
Somos felices,
somos humanos.
Somos extraños,
o hermanos.
Como una eternidad,
que se posa en mis manos,
Como un suspiro,
o un relámpago,
existimos y ya no estamos.
