1.

4 0 0
                                        

Primer día de clases.
Bajo del bus prácticamente corriendo, haciendo que se me caigan varias moneditas al suelo, provocando bastante ruido.

Mierda. Con eso iba a comer hoy.

No importa, no quiero llegar tarde a mi primer día. Puedo comer más tarde.
No conozco a absolutamente nadie, me siento como si Tarzán hubiera viajado desde la selva hasta la ciudad e intentara civilizarse y comenzar una nueva vida, apartado de su ambiente natural y su tan preciada comodidad para introducirse en un lugar completamente nuevo y diferente a lo acostumbrado regido por normas diferentes que aún no conoce y predispuesto a aceptar la incomodidad de un mundo total y absolutamente nuevo ante sus ojos que po...

-¡CORRETE DEL CAMINO ESTÚPIDA!- grita una chica detrás mío.

Epa epa epa, la amabilidad la olvidaste en la sala de parto, ¿no?

-NO GRITES QUE NO VENDES NADA- agrego. Sí, gritando también, ba dum tss.
Aunque fue completamente en vano porque así como la ví, desapareció.

Como mi padre.

Me reí de mi propio chiste interno mientras varias personas me miraban de reojo y cuchicheaban cosas que no me interesaban saber, estaba más preocupada por encontrar mi clase que otra cosa.

Seguro les gusto. Sí, debe ser eso.

Dí una vuelta sobre mis talones y emprendí mi camino a recorrer el lugar.
Habían muchísimos salones amplios completamente blancos, la sala de castigos era blanca al igual que la dirección, habían sillas color blanco tiza acompañadas por bancos blancos y pizarrones blancos.
Por un momento me quedé media tildada, así como cuando tienes que levantarte super temprano y el organismo todavía no funciona del todo bien entonces te quedas mirando fijamente una pantufla.
Escucho un carraspeo de fondo y me doy vuelta, topándome con el imponente pecho de una mujer muy alta y para nada atractiva en mi opinión.

Llevaba una camisa blanca. Sorpresa.

-¿Señorita Rucci?-espeta la mujer- Buen día, mi nombre es Lía y soy la preceptora de su división. Su clase está a punto de comenzar y el profesor quiere presentarla ante sus nuevos compañeros. Necesito que me acompañe.

Me quedé un momento pensativa y entrecerré los ojos mirando a la mujer.

-¿Cómo es que sabe mi nombre si nunca la había visto antes en mi vida?- pregunté.

¿Y si en realidad no es la preceptora y es un secuestrador encubierto que quiere llevarme para traficar mis hermosos y sanos organos?¿Como puedo saber que no me está mintiendo?¿Y si en realid..?

-Porque tiene un cartelito con su apellido colgando de su chaqueta, señorita Rucci.- responde- Ahora, por favor, acompañeme.- agrega un tanto exasperada.

Cierto. Igual no confío en ella.

Seguí sus pasos mientras caminaba detras de ella, aún con los ojos entrecerrados.

Me llevó hacia uno de los salones que había visto al principio y entré.
Un sujeto regordete y bastante alegre me saludó, se presentó como el profesor D'angelo de Historia mientras tomaba una taza de café.

-Bueno alumnos, ella es Laia Rucci, su nueva compañera. Espero puedan integrarla rápidamente y hacerla sentir cómoda, como es debido. Bienvenida Laia- agregó con una sonrisa de oreja a oreja que me hizo sentir entre alegre y perturbada a la vez.

Realicé rápidamente un análisis de mis nuevos compañeros. Frente a mí se encontraba sentado un chico con anteojos que me miraba expectante, leía un libro.

¿Que clase de persona se sienta al frente de la clase para tener que verle el culo a los profesores todo el día? Seguro es el nerd.

Al fondo del salón estaba sentada una rubia platinada de ojos verdes, llevaba una falda rosada y una chaqueta del mismo tono. Me miraba de abajo mientras hacía globitos con su chicle.

Seguro se llama Megan o Kendall. Debe ser la perra del curso.

Un poco mas adelante de ella se encontraba un chico precioso, o como diría yo, el papasito del salón.
Blanco como los dientes de Usain Bolt y unos ojos azules que podrían derretir hasta el iceberg más congelado.

No creo en Dios pero ví esa hermosura y no supe a quien rezarle.

-..¿Señorita Rucci, se encuentra bien?- agrega el profesor que ya me olvidé el nombre con un gesto de preocupación.
Salgo rápidamente de mi pedo mental y asiento algo desconcertada.

-Si, si, todo bien, me quedé pensando en lo maravilloso que se ve el curso- miento, ni siquiera pensé en eso- Me voy a sentar- agregué y me senté en el único banco libre.

A su lado se encontraba sentado un chico moreno, yo diría de tonalidad café con muy poca leche, de ojos marrones grandes que me miraban curiosos.
Me senté sin siquiera preguntar si podía hacerlo, total era el único lugar libre.
Me quedé mirandolo por un buen rato hasta ponerlo incómodo. Ahora voy a pasar a describirlo lo mejor que pueda:

Piel tostada, muy tostada. Ojos negros si se miran de cerca acompañados por unas pestañas preciosas y muy largas que revoloteaban cada vez que pestañeaba, cejas rectas muy bien perfiladas. Nariz recta y labios delgados y oscuros, nuez de Adán marcada y un cuello bastante largo. Cabello oscuro muy corto a los costados y largo arriba, lacio y de hebras gruesas.

-¿Siempre haces eso?- habla por primera vez el chico, curioso.

Tiene la voz bastante gruesa, seguro hace unos guturales maravillosos.

-Sí, casi siempre- respondo con sinceridad. -Me gusta apreciar la belleza única que posee cada persona en sus distintas maneras.

-Interesante la explicación profunda pero das miedo cuando haces eso- agrega con un gesto de desaprobación. -Deberías disimular más.

Lo miro fijamente con el ceño fruncido. Inmediatamente me acomodo en mi lugar y fijo mi vista al frente.

El no sabe apreciar nada.

-Mi nombre es Joan. Espero que nos llevemos bien durante el año. -agrega el moreno.
Arranco una hoja de mi carpeta y me pongo a bocetear algo.

-Si necesitas ayuda para conocer el establecimiento o lo que sea, puedes buscarme y con gusto te ayudaré- sigue hablando Joan, pero yo sigo concentrada en lo mío. -El establecimiento es bastante grande, por lo que... ¡Oye!¿Me estás ignorando o es mi parecer?

Más lento que patada de astronauta.

Terminé mi boceto, y sin decirle nada se lo entregué.
Quedó boquiabierto y me miró fijamente.

-¿Soy yo?¿Como pudiste haber dibujado esto en menos de cinco minutos?¿Desde cuando tienes esta habilidad?- espeta Joan aún sorprendido, sosteniendo un boceto de su rostro en una hoja arrancada.

-De nada, Joan.- agrego y sonrío sinceramente. -Espero que nos llevemos bien.

You've reached the end of published parts.

⏰ Last updated: Nov 02, 2019 ⏰

Add this story to your Library to get notified about new parts!

SketchWhere stories live. Discover now