Prólogo- Aquél trágico día

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(CAPÍTULO EDITADO)

Narrador(a): Eveline

-N-No...Papá...Mamá...¡NO!-

Veía claramente a mis padres caer por el precipicio que separaba al pueblo del castillo, podía verlos gritar mi nombre y el de mi hermana desesperadamente como si eso pudiera salvarlos, podía ver sus lágrimas decorar sus rostros y sus heridas adornar sus cuerpos. Intentaba con todas mis fuerzas correr, ¡por lo menos moverme!, pero no podía, estaba paralizada por el miedo y el pánico. Dejándome caer sobre mis rodillas comencé a llorar a gritos, podía haberlos salvado, ¡podía haberlo hecho si no fuera tan cobarde!, todo es mi culpa...

Sentí como unas sombras me rodeaban, sabía perfectamente que eran mis temores y mis debilidades. Todas susurraban diferentes tonos "Es tu culpa" atormentándome, poco a poco fueron aumentando su volumen, sentía como si mi cabeza fuera a explotar y no para de gritar pidiendo que paren...Hasta que todo el dolor desapareció

Levanté mi mirada y pude ver a una chica muy parecida a mí, sus ojos eran muy oscuros y a duras penas se podía ver sus pupilas finas y delgadas como las de un felino, su cabello era castaño terminando con un color negro en las puntas y llevaba un vestido y unas botas de tacón del mismo color, de su espalda sobresalían dos grandes alas de oscuro plumaje y su cuerpo era decorado por finas líneas negras terminadas en espiral que parecían estar talladas en su piel, mientras que su rostro lucía una sonrisa malévola.

-Es tiempo de dormir.- Dijo aquella chica con la misma maldad que tenía en su ser

Un punzante dolor se hizo presente en mi cabeza y volví a gritar del sufrimiento que sentía. A lo lejos lograba escuchar que llamaban mi nombre, aquella voz de hacía cada vez más fuerte hasta que todas las sombras y la chica desaparecieron de un segundo a otro.

Abrí mis ojos aterrada, los nervios a flor de piel y el pulso y respiración acelerados. Enfrente mío estaba una chica dos años mayor que yo, de cabello azabache y preciosos ojos celestes zarandeándome con fuerza, en su rostro se podía ver el pánico que tenía.

-¡Eveline, me asustaste!. Te oía llorar y cuando llegué estabas gritando frases como "¡Déjenme!" y trataba de despertarte pero no podía y...- Ella hablaba tan rápido que a duras penas podía entenderla.

La abracé con fuerza para calmarla y ella me correspondió de la misma manera. Sentía sus lágrimas humedecer mi hombro, por lo que empecé a tararear una canción para calmarla. A los pocos minutos ella se separó para limpiarse las lágrimas con una triste sonrisa.

-Gracias, hermana.- Dijo con voz débil mientras se sentaba correctamente en la cama.

-No es nada, Nahiara.- Imité su acción y toqué mi rostro, sentía rastros de lágrimas en este.

"La Elegida"||EldaryaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora