—Alguien me dijo una vez que las flores se están riendo. —murmuró una chica, recostada en la cama de su habitación.
—¿Todas ellas? —contestó intrigada su acompañante.
—Sí, todas ellas. Cada flor que te puedas imaginar.
—¿Y qué le dijiste?
—Le dije que yo sabía de una mujer que reía junto con ellas. —miró de reojo a su contraria, parecía un ángel. Su ángel personal.
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—¿Con qué sueñas? —cuestionó un día la pelinegra, atenta a la respuesta de la rubia.
—Mh, pintar un cuadro con palabras.
—¿Por qué?
—Porque algunas palabras no se pueden decir, así que quiero pintarlas. —añadió.
Y como cualquier otro día, la suave risa de la pelinegra llenó la tranquilidad del lugar, provocando que la rubia se fijase en ella; si ella tuviera que describir aquella risa, sería como la suave arena entre sus dedos un cálido día en la playa.
—Debes pintar el cuadro en acuarelas suaves, pero con colores vivos.
—¿Por qué?
—Porque tiene que ser memorable. Algo que tu hagas, no se puede olvidar. —la pelinegra mostró su sonrisa, esa con la que siempre lograba hacer feliz a su contraria.
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—¿Me recordaras en diez años?
—Creo que tendríamos que esperar primero.
—¿No puedes contestar eso ahora?
—Me gustaría hacerlo, pero odio pensar en lo que estaré haciendo en diez años, recordándote de esta manera. —las palabras no fueron dichas frente a frente, evitando así que tuvieran impacto y dejando la conversación al aire. Ambas sabían la razón.
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—Mañana será mejor.
—¿Y si no lo es?
—Entonces repites "mañana será mejor", porque podría serlo, nunca sabes. En algún momento, el mañana será mejor.
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—La noche me asusta. —tras admitir su temor, la pelinegra se ocultó entre los brazos de la rubia, sintiendo seguridad, una seguridad que apreciaba a pesar de la situación.
—Te sostendré. Ya no tendrás que tener miedo.
—¿Eso significa que me soltarás cuando termine la noche?
—Significa que te sostendré toda la noche, todo el día si es necesario y entonces toda la noche de nuevo. —era una silenciosa promesa.
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—¿Cómo quisieras que te recordara? ¿Por tus pasos silenciosos cuando llegas del trabajo? ¿Por el sonido del agua cada vez que tomas una ducha? ¿O quizá por el calor que dejas en la cama cuando sales por las mañanas? —no era una pregunta común, aun así, la rubia no hizo comentarios, simplemente contestó.
—Quiero que me recuerdes como a la playa.
—¿La playa? —siendo esa una respuesta inesperada, la primera reacción de la pelinegra fue voltear a ver a la rubia, frunciendo su ceño.
—Como el agua en tus pies cuando sales a caminar, como esas olas que ves y te hacen reír. Tal vez incluso como la arena en tu cabello también, aunque siempre te quejes de que es difícil de lavar. Solo... Quiero ser recordada como todo a tu alrededor.
