Capítulo 1

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Respiré hondo, escuchando como los pájaros cantaban, el aire silvando entre los árboles y el agua corriendo por el pequeño riachuelo que iba a morir a un lago, con un precioso cerezo a su orilla. Abrí los ojos despacio, las pupilas se me contrayeron por el cambio de luz. Me incorporé lentamente, el pelo cayó sobre mi espalda, largo y ondulado, el sol hizo brillar mi pelo violeta.
Me levanté y me acerqué al pequeño estanque, deje mi pequeña riñonera en el pie del árbol, y comencé a quitarme la ropa, dejando mi piel balnca al descubierto, sintiendo el cálido sol sobre ella. Dejé la ropa con mi riñonera, metí el pie derecho en el agua, luego el izquierdo y así hasta tener el cuerpo completo en el estanque.
Entonces fijé mi mirada en las flores ahogadas en el agua, caídas del árbol que vivía de ella, comencé a jugetear con las flores y luego hundí mi cabeza, mi pelo se dispersó por el agua para volver a unirse enmarañado al sacar la cabeza.
Salí y me vestí de nuevo sintiendome más nueva, más limpia, menos pesada.
Corrí por el bosque levanté mi cetro, e hice caer la punta en la que estaba la piedra lunar, brilló en color violeta y de mi espalda, nacieron mis alas con plumas de color lavanda.
Aquel día el valle de Tani se veía hermoso desde el cielo, los árboles brillaban con los últimos rayos de sol y las aguas reflectaban aquella luz, daba al valle un aspecto casi celestial.

Volé un par de minutos y comencé a descender hasta tocar con mis pies la tierra. Estaba en Jinko, el poblado del que yo soy, es un pequeño asentamiento de los Atari. Y yo, Maila Sei, soy una Atari. Frente a mi tenia un robusto y gran roble sobre el que se encontraba mi casa, una pequeña casa sobre la copa de éste. Subí las escaleras hasta la pequeña puerta de madera, toque con mi piedra lunar la cerradura, sonó un pequeño chasquido y a continuación la puerta se abrió. Acaricié con las yemas de mis dedos la superficie de madera del cetro y susurré:
–Kolner— acto seguido el cetro se encogió hasta desaparecer en el interior de mi mano cerrada, para
al instante dejar colgar de ella la piedra lunar rodeada por una raiz en forma de collar que inmediatamente coloque sobre mi cuello. Mi casa era un lugar pequeño, que constaba con una puerta y una ventana lo suficientemente grande como para iluminar la estancia y advertir que en ella había una mesa con una silla, una cama y un pequeño baúl. Me acerqué a la silla, me quité la riñonera y la dejé colgada en ella. Por aquella época del año en el valle Tani oscurecía más pronto y yo aquél día había hecho bastantes cosas agotadoras por lo que me quité mi camiseta, mis calzonas y mis zapatillas dejandolas tendidas sobre el baúl y me metí en la cama.
Al día siguiente un espléndido rayo de sol iluminó toda la casa.

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⏰ Última atualização: May 18, 2017 ⏰

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Maila y la piedra lunarHistórias para pegar e não largar. Descubra agora