Cuando despertó, solo recordaba la calidez y ternura que desprendía aquella chica. Intentó acordarse de su voz, de las facciones de su rostro... pero fue en vano. Solo percibía una extraña sensación de protección... como si su único cometido fuera cuidarla y quererla.
Llevaba ya bastante tiempo allí encerrada (aunque no tanto como otras), y la única explicación que le dio al sueño fue que añoraba el hecho de sentir y dar afecto.
¿Pero quién sería ella y por qué la visitó en sueños?
Estuvo casi toda la mañana ausente. Durante en desayuno, apenas participó en las animadas y eufóricas conversaciones que tenían Aly e Irma sobre depilaciones y festivales de música. De vez en cuando, a la americana se le iban los ojos hacia la puerta principal.
Todas sabían por qué.
Respecto a la actitud de Daniela, simplemente la dejaron en su mundo, como otras muchas veces en las que se ponía a divagar y a pensar en silencio. Ivonne fue la única que se dignó a preguntarle si le pasaba algo, a lo que Daniela contestó con un escueto "No, nada", mientras seguía mordiéndose las uñas con nerviosismo.
A media tarde, corría la voz de que iban a convocar una reunión extraordinaria con todas las reclusas de la prisión.
- Vaya. Se trata de algo serio, entonces -dijo Irma en cuanto vio a Floren, el jefe supervisor de la prisión, entrando por la puerta.
Emma tragó saliva con disimulo, y acto seguido, sintió un pequeño sudor frío recorriéndole la espalda. Temía que hubieran pillado su mayor y único secreto en esa prisión. Pero no. Aún no era su turno...
Floren se aclaró la garganta antes de hablar y el funcionario Abad se encargó de silenciar a algunas reclusas para facilitarle el trabajo a su compañero.
- Fucking lameculos -soltó Aly en voz baja. Irma y Emma rieron a la par.
Por fin se hizo el silencio en la sala, y todas miraban expectantes a Floren, como si de un ser divino se tratara. Últimamente no se dejaba ver mucho por allí.
- Internas, os comunico que a lo largo del día de hoy, tendréis una compañera más entre vosotras. Espero que la tratéis como es debido. Se trata de alguien especial.
La sala no tardó en llenarse de murmullos y especulaciones. Algunas estaban emocionadas con la llegada de la nueva reclusa, y pronto empezaron a correr rumores de que debía tratarse de alguna celebrity importante.
El péndulo. Ése objeto maravilloso que tanto echaba en falta desde hacía ya varios días, pues no le había dado tiempo a esconderlo en un lugar seguro antes de la redada policial en busca de objetos "peligrosos". ¿Qué tenía de peligroso un maldito péndulo? Según el funcionario Abad, podía utilizarse para estrangular a alguien perfectamente. El otro funcionario, Marco Ferri, intentó mediar entre Daniela y su compañero, argumentando que ella no le haría daño ni a una mosca.
- Déjate las simpatías, colega -le recriminó Abad-. No puedes tomarte tantas confianzas con las reclusas.
Daniela dio su objeto más preciado por perdido. Pero a lo largo del día, pensó que no tiraría la toalla tan fácilmente, de modo que se armó de valor para intentar recuperarlo.
Floren no quería saber nada del asunto, de modo que tenía que arreglárselas por sí misma.
Decidió ir a buscar directamente a Abad para explicarle que ese péndulo no era un colgante cualquiera. Era algo muy especial para ella, y le provocaba ansiedad no poder utilizarlo. Lo necesitaba.
Por otro lado, tanto Irma como Emma y la que en su día consideraba como "amiga", Aly, le dijeron que no se preocupara por un simple colgante. Que todo eso no eran más que supersticiones baratas, y eso fue motivo de otra de las muchas discusiones que surgieron durante su estancia en prisión. Ninguna de ellas conseguía entender, o aceptar, al menos, las extravagancias de la pobre Daniela.
No podía quedarse de brazos cruzados. Idealizó un plan perfecto para escabullirse de todo el barullo de la sala principal e intentar colarse en el despacho de Abad. Los funcionarios estaban demasiado ocupados esa tarde-noche porque en breve recibirían la llegada de la nueva reclusa, y por algún motivo, se les veía bastante nerviosos con el asunto.
Ya casi estaba. Podía ver a lo lejos la puerta del despacho de Abad. Menos mal que pudo conseguir las llaves en un descuido de éste mientras dormía su interminable siesta...
Pero entonces, algo consiguió distraerla de golpe de la misión que llevaba planeando toda la tarde.
Pasó justo por su lado, acompañada por los funcionarios Marco y Abad, y durante una milésima de segundo, sus miradas se cruzaron. La joven tenía una expresión fría y rezagada, pero aún así, sus ojos le parecieron lo más bonito que había visto en mucho tiempo.
- Interna Blume -la llamó Abad. Le costó un poco reaccionar.
- ¿Sí?
- ¿Qué haces por aquí a estas horas? Vuelva inmediatamente al pabellón.
- Oh, solo estaba...
- No hay excusas, interna -le recriminó Abad en tono cortante. Marco salió en su defensa.
- ¿Necesitas algo?
- Solo buscaba... bueno, no importa.
Agradeció a Marco su comprensión y ayuda con una mirada cómplice. Él siempre se preocupaba por su bienestar y el de sus compañeras, a diferencia de Abad.
Los dejó avanzar por el pasillo, pero ella, impulsada por una fuerza invisible que nunca terminó de explicarse, se quedó agazapada en el recodo de la escalera, observando todo lo que ocurría en la sala.
- Te hemos confiscado más de 40 piercings. Con ellos podrías haberte pagado unas quince fianzas -le dijo Abad a la nueva reclusa en tono bravucón.
- Eso no es asunto tuyo -le soltó ella en tono tajante.
- Mira, interna, no vuelvas a atreverte a hablarme así.
- Ma Vaffanculo!
- ¿Qué has dicho?
Daniela vio cómo se acercaba a la joven reclusa con gesto amenazador y le agarraba el brazo. No pudo evitar irrumpir en la sala.
- Suéltala -su voz sonó firme y potente. Sabía que enfrentarse a un funcionario como Abad le traería problemas, pero Marco también se encontraba allí, y le quitaría hierro al asunto.
- Daniela, te hemos dicho que... -comenzó a decir el funcionario italiano, aproximándose a ella con calma.
- ¿Vas a dejar que le ponga la mano encima? Acaba de llegar. Está asustada la pobre.
La miró de nuevo. No debía tener más de 25 años. Notó su mirada clavada en ella mientras hablaba, y cuando volvió a dirigir la vista hacia ella, la chica agachó la cabeza rápidamente.
- Daniela, vuelve al pabellón, no te metas en líos -le recomendó el funcionario Marco en tono paciente. Ella sabía que ya no tenía nada que hacer allí. Su misión había fracasado y si a Abad se le cruzaban los cables para joderla acabaría con otra amonestación por incumplimiento de órdenes-. Ah, espera -se frenó en seco-. Acompaña a Elettra hasta el pabellón. Allí te asignarán tu celda, d'accordo? -dijo mirando a la nueva con un afán de complicidad. Marco tenía esa facilidad para intentar caerle bien a todas las internas. Elettra asintió sin más.
Miró a Daniela de arriba a abajo, examinándola detenidamente para no perderse ni un solo detalle de ella. Tenía algo que le llamaba. No sabía muy bien decir por qué, pero aquella chica le transmitía buenas vibraciones.
Y eso le asustaba.
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Blumettra Is The New Black [AU]
FanfictionMe he tomado la libertad de trasladar el universo ghvip a una cárcel de mujeres, tipo Litchfield o Vis a Vis. Recordemos que esto es un AU. Los hechos no tienen por qué coincidir al 100% con la realidad y cada uno de los personajes es dueño de su pr...
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