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Su tía llevo a Sofi a casa a las cinco, Camila de inmediato dedicándose a jugar con ella y ayudarle a hacer las tareas del día siguiente.


Era martes.


Tal vez el dato parezca irrelevante, pero supongo que tenía que decirlo.


¿Acaso existe un día más normal que el martes?


***


A las seis sus padres ya estaban en casa, y luego de cenar junto a ellos Camila salió de casa y se sentó en la acera como normalmente lo hacía desde que Lauren se había marchado. Tal vez era la única forma que encontraba para no llorar desesperadamente al lado de la ventana que ya no significaba nada para ella.


Miro las estrellas fijamente, sin buscar formas o constelaciones de ningún tipo. Simplemente las miro, pensando en su día y en su vida, charlando con su yo interior, su rostro siendo iluminado por la luz artificial de las farolas.


Pensó en Lauren.


Siempre lo hacía.


Se preguntaba por qué se había ido. Si la había dejado porque lo había deseado o porque había sido obligada.


Si lo había deseado ¿Cual era la razón?


Si la habían obligado ¿Volvería?


¿Y como sería todo si Lauren Jauregui decidiera reaparecer en su vida? ¿La perdonaría? ¿Todo volvería a ser como antes? ¿Serían felices? ¿Volverían a separarse? ¿Se odiarían a muerte?


Desgraciadamente, en esos momentos Camila Cabello no tenía las respuestas a esas preguntas como las tengo yo ahora.


Ya cerca de las ocho, Camila percibió un ruido extraño en la calle. Era el sonido de un vehículo que no debía estar allí. La demás personas del vecindario solía llegar a su casa a las seis o siete. Ocho era algo excesivo y demasiado temprano para los pocos adolescentes con vida social de la zona.


Pensó en correr, pero luego supo que no corría peligro alguno. ¿Qué podrían obtener los secuestradores -si es que lo eran- de una chica que acaba de cumplir sus dieciocho años hacia tan solo cinco meses y que no parecía tener nada que hacer con su vida aparte de tener que trabajar en una librería junto a las personas con las que menos querría estar? La respuesta es sencilla: Nada.


Se quedó quieta observando al auto acercarse y estacionar frente a la casa de su vieja novia.


De inmediato pensó que debían de ser los nuevos habitantes. El lugar había estado completamente deshabitado desde que ella se había marchado.


Se sorprendió increíblemente cuándo vio la silueta del padre de Lauren bajar del auto, las siluetas de Clara Jauregui y sus hijos menores siguiéndole, dirigiéndose al interior del lugar mientras el padre de su ex-novia se dirigía a la parte trasera del vehículo y comenzaba a bajar equipajes por montón, llevándolos al interior de la casa con facilidad.


Mentiría si dijera que Camila Cabello se mantuvo tranquila.


Su corazón estaba palpitando como solo había palpitado ocho meses antes, una llama de esperanza floreciendo en su pecho y una sonrisa dibujándose en sus labios. Se levantó sin poder evitarlo, limpiándose el short con rapidez, mirando fijamente el auto, a la espera de que la hermosa silueta de Lauren fuese visible.


Sucedió.


Una de las puertas traseras simplemente se abrió, la figura de su ex-novia descendiendo lentamente, como si nada hubiese sucedido ocho meses antes, como si todo estuviese en calma y el corazón de Camila no hubiese sido destruido brutalmente.

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⏰ Última actualización: May 09, 2017 ⏰

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