Le dolía despegarse de su hija, a pesar de todo lo que había pasado en su vida dejarla aunque fuera unas horas para ir a trabajar le dejaba un hueco enorme en el corazón.
Afortunadamente Lilian, la señora que le alquilaba el departamento, se había ofrecido a cuidar de Yatzil en lo que ella encontraba una buena guardería para dejarla ahí. Lilian era un pan de Dios, una mujer de unos casi cincuenta años, con canas que predominaban en su corta cabellera y con una simpatía enorme, claro ya que la trataban porque al inicio era muy cautelosa.
Dulce: De nuevo, muchas gracias por cuidar de Yatzil. –tomando su bolso y su portafolio.
Lilian: No es nada Dulce, es tu primer día de trabajo y sé que es difícil encontrar algún lugar dónde cuiden a esta preciosura. –tomando a la bebé en sus brazos. –Y más si le sumas el hecho de que prácticamente te acabas de mudar.
Dulce: Sí, son muchas cosas que tengo que organizar. Pero bueno mejor me voy antes que se haga más tarde.
Se despidió de Lilian y de Yatzil y salió rumbo al trabajo. Sus condiciones de vida no le permitían tener un coche así que debía tomar dos autobuses para llegar a su nuevo trabajo, lo sabía ya que había tenido que ir días antes para reconocer todo. Era un día lluvioso de agosto, el clima estaba fresco pero específicamente ese día se le había ocurrido a la naturaleza enviar gotas del vital líquido. En Washington la mayor parte del año el clima era frío y nublado así que no le sorprendió en absoluto, quizá fue esa una de las razones por las cuales decidió mudarse a ese estado en específico.
Llegó treinta minutos antes de la hora de entrada, perfecto para acomodar sus cosas. Fue a la oficina a firmar su hoja de entrada, se dirigió hacia su salón saludando todos a su paso, entró y acomodó los asientos de los niños y sus cosas. No pasaron ni ocho minutos cuando un pequeño entró al salón, por su cara podría decirse que no se había levantado con el pie derecho, cosa que era raro ya que ese niño no tenía más de ocho años.
Dulce: Buenos días –dijo al pequeño.
XXX: Buenos días... –respondió un tanto serio, comenzando a sacar las cosas de su mochila y poniéndolas en su pupitre.
Dulce no quiso insistirle ya que era la maestra nueva y podía intimidar al niño en lugar de ayudarlo. Esperó un poco más hasta que la campana finalmente sonó, no necesitó pedir orden ya que en cuanto sonó el timbre los niños guardaron silencio.
Dulce: Bueno días niños, como sabrán yo soy su nueva maestra. Espero este sea un gran año y podamos entendernos y disfrutar mucho juntos. –comenzando a escribir en el pizarrón. –Mi nombre es Dulce María González. –se interrumpió cuando vio a un niño levantar su mano. –¿Sí?
XXX: ¿Por qué se fue Miss Lee?
Dulce: Porque Miss Lee está embarazada y ya no puede seguir trabajando, hasta que tenga a su bebé. –el pequeño solo asintió. –¿Alguna otra pregunta?
XXX: ¿Cuánto tiempo va a ser nuestra maestra? –preguntó una pequeñita.
Dulce: No lo sé, por el momento creo que solo serán cuatro meses. ¿Qué les parece si hacemos una actividad para conocernos todos? –los niños comenzaron a alardear por su magnífica idea.
Con la ayuda de los niños movieron los pupitres para formar un gran círculo, les pasó una pelota pequeña y la lanzó a un niño. Este debía hacer una pregunta que tenía que ser respondida por él y por Dulce, después pasaba la pelota a otro niño y hacía lo mismo. Le tocó el turno al niño que había llegado de mal humor, él se quedó callado siendo observado por todos.
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La vida imperfecta
Fanfiction¿Qué sucede cuando te das cuenta que la vida no es lo que esperabas? ¿Cómo encontrar la definición de felicidad cuando en tu vida solo ha habido amargura y desconsuelo? En ocasiones la vida te enseña lo peor de ella para dejarte lo mejor hasta el fi...
