Diez días.

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Quizá la razón por la que te gusta tanto Madrid es que es muy parecida a mí. Y un poco también a vos. 

Está un poco subestimada, es demasiado tranquila y para nada pretenciosa. Sus calles se pueden recorrer con paz y sin atropellos, la gente es amable y siempre está relajada. Madrid no quiere llamar la atención. No tiene una gran torre, no tiene un gran parlamento, ni nada monumental. Dicen que es la puerta de Europa, sobre todo para nosotros, los argentinos, que la usamos sólo de trampolín para luego ir a esas otras ciudades de las que todo el mundo habla.

 Nunca nadie piensa demasiado en Madrid, ni siquiera los madrileños. Pareciera como si la conocieran de principio a fin. Viven en una de las ciudades más hermosas del mundo pero no les importa. Sí, definitivamente esa debe ser la razón por la que te gusta tanto Madrid. 

Tampoco nadie piensa mucho en mí, sólo vos. O al menos eso creo. Supongo que es un mal de la adolescencia. Ya estoy lejos de ser un adolescente pero el otro día una señora en la fila de un teatro me dijo que la adolescencia ahora llega hasta los cuarenta años. Dios quiera que no. 

En estos días me acordé de Madrid y de vos. Me dieron la beca, me voy en unos meses. Cuando leí el mail me quedé unos segundos en silencio y me tomé el atrevimiento de entrar a tu correo. La contraseña es la misma que hace unos meses, mi nombre y nuestra fecha de aniversario. A vos también te la dieron. Todavía estás a tiempo de ir. 

Lo primero que pensé es en que no puedo hacerlo sin vos. Nunca estuvo en los planes. 

Estuve muy mal estos días. Esa beca era el sueño de los dos. De hecho, creo que es más tu sueño que el mío. Lloré mucho, no me da vergüenza contártelo. Estuve un día entero mirando la pantalla de la computadora. Mi mamá me estuvo ayudando y llamó de emergencia a Analía. Por eso estoy haciendo esto. Me dijo que tengo que compartir lo que siento. Y no puedo compartirlo con nadie más, porque vos sos mi mejor amiga. Entonces te mando estos mails. Pero esto sólo hace que piense más y más en vos. Te extraño. Cada vez más. Ya no sé cómo vivir así. Y no es tu culpa, pero no dejás de aparecer en todos lados. Cuando prendo la tele, estás ahí. Cuando camino por la calle y paso por un kiosco de diarios, ahí estás, mirándome. Cuando me subo a un taxi están hablando de vos.

Ayer me crucé a tu mamá. Está muy triste. No hubo novedades. Tampoco de tu papá. No sé para qué te lo cuento, si ya lo sabés. Te siguen buscando, quedate tranquila. Te están buscando y si todo sale bien en unos meses vamos a estar caminando por la Gran Vía comprando estupideces que no necesitamos.

Te amo. 

 Agustín.


Mientras te EsperoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora